Muchas personas con artritis reumatoide evitan hacer ejercicio por miedo a que empeore el dolor en sus articulaciones. Pero la actividad física regular es una de las formas más eficaces de reducir el dolor, la rigidez y la discapacidad que a menudo se asocian con la artritis reumatoide.
Si tiene artritis reumatoide, hacer ejercicio de manera regular puede aumentar su fuerza y flexibilidad. Tener músculos más fuertes puede brindar un mejor apoyo a las articulaciones, mientras que una mayor flexibilidad puede favorecer su funcionalidad.
El ejercicio también puede reducir la fatiga y aliviar la depresión. Además, un mejor estado físico general ayuda a reducir el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y diabetes, dos afecciones graves que son frecuentes en las personas con artritis reumatoide.
La artritis reumatoide acelera la pérdida de masa muscular que suele ocurrir con el envejecimiento. Por eso es importante realizar ejercicios que desarrollen la musculatura, junto con ejercicios aeróbicos que fortalezcan el corazón y los pulmones.
Los ejercicios que soportan el peso corporal, como caminar, pueden ayudar a prevenir la osteoporosis. La osteoporosis es una afección en la que los huesos se debilitan y se vuelven frágiles y propensos a fracturas debido a la pérdida de densidad ósea y fuerza ósea. Las personas con artritis reumatoide tienen más riesgo de desarrollar osteoporosis.
Los estudios demuestran que el ejercicio no empeora los síntomas de la artritis reumatoide. Sin embargo, si la afección le ha dañado gravemente las caderas o las rodillas, le recomendamos optar por ejercicios de bajo impacto, como natación, gimnasia acuática, caminar o andar en bicicleta.