Descripción general
La fibrosis hepática es una afección en la que el hígado se daña repetidamente con el tiempo, lo que deriva en una acumulación gradual de tejido cicatricial. Este daño suele causarse por afecciones como la enfermedad hepática esteatósica, el consumo elevado de alcohol o la hepatitis viral crónica. A medida que el tejido cicatricial reemplaza al tejido hepático sano, el hígado se vuelve menos flexible y su capacidad de funcionamiento puede empezar a disminuir. La fibrosis se desarrolla en todo el hígado con el tiempo, en lugar de formar un bulto o crecimiento como un tumor o cáncer.
Si la causa de la lesión hepática no se trata o no se controla, la fibrosis puede progresar y eventualmente llevar a la cirrosis, una etapa más avanzada de la enfermedad hepática en la que la cicatrización extensa causa cambios permanentes en la estructura y función del hígado. La cirrosis puede derivar en complicaciones graves, como la insuficiencia hepática y un mayor riesgo de cáncer de hígado.
Escuchar el término “fibrosis hepática” puede generar preocupación. Aunque la fibrosis refleja un daño hepático a lo largo del tiempo, no siempre significa que el daño sea permanente. La evidencia muestra que las etapas tempranas de la fibrosis pueden estabilizarse o mejorar cuando se identifica y trata la causa subyacente de la lesión hepática.
Síntomas
La fibrosis hepática por lo general no causa síntomas, en especial en las etapas iniciales. Muchas personas con fibrosis se sienten bien y no saben que tienen cicatrices en el hígado hasta que se detectan en análisis de sangre o estudios de imagen realizados por otro motivo.
Cuando hay síntomas, suelen estar relacionados con la causa del daño hepático, como la enfermedad hepática esteatósica, la enfermedad hepática relacionada con el alcohol o la hepatitis viral crónica, más que con la cicatrización en sí.
Los síntomas que reflejan un empeoramiento de la función hepática o complicaciones de una enfermedad hepática avanzada pueden incluir los siguientes:
- Coloración amarillenta de la piel o los ojos, llamada ictericia.
- Acumulación de líquido en el abdomen, también conocida como ascitis.
- Hinchazón en las piernas, los pies o los tobillos, llamada edema.
- Confusión, dificultad para concentrarse o cambios en el estado de alerta, conocidos como encefalopatía hepática.
La presencia de estos síntomas puede indicar un daño hepático importante y debe ser evaluada de inmediato por un profesional de atención médica.
Cuándo consultar a un médico
Programa una cita con un profesional de atención médica si tienes alguno de los síntomas de fibrosis hepática.
Causas
La fibrosis hepática ocurre como resultado de inflamación y daño continuos en el hígado. Este daño activa la respuesta de cicatrización del cuerpo. Cuando la lesión hepática continúa con el tiempo, el tejido cicatricial se forma y reemplaza de forma lenta al tejido hepático sano. Este proceso está impulsado por la enfermedad hepática crónica, más que por un solo evento de daño hepático.
En los países desarrollados, las causas más comunes de fibrosis hepática son afecciones relacionadas con la salud metabólica, como la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica vinculada a la obesidad, la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina. El consumo excesivo o prolongado de alcohol es otra causa importante de lesión hepática continua y fibrosis.
La hepatitis viral crónica también puede derivar en fibrosis hepática. La hepatitis B es una causa frecuente de fibrosis en todo el mundo, en especial en regiones donde la afección aparece en etapas tempranas de la vida. La hepatitis C, que antes era una causa importante de fibrosis hepática, hoy es casi completamente curable con tratamiento antiviral cuando se detecta y trata a tiempo.
Otras causas menos frecuentes de fibrosis hepática incluyen enfermedades hepáticas autoinmunes, trastornos hepáticos hereditarios y enfermedades que dañan o bloquean los conductos biliares. Si la causa de la lesión hepática no se trata o no se controla, el tejido cicatricial puede seguir acumulándose y la fibrosis puede empeorar con el tiempo.
Factores de riesgo
Los factores de riesgo son afecciones o conductas que aumentan la probabilidad de desarrollar fibrosis hepática o hacen más probable que el daño hepático empeore.
Los factores asociados con un mayor riesgo de fibrosis hepática incluyen los siguientes:
Tener más de un factor de riesgo puede aumentar la probabilidad de desarrollar fibrosis hepática o de que esta empeore.
Complicaciones
La fibrosis hepática aumenta el riesgo de problemas hepáticos a largo plazo si la cicatrización progresa con el tiempo. Las complicaciones no son frecuentes en las etapas tempranas de la fibrosis y son más probables cuando la fibrosis se vuelve avanzada o progresa a cirrosis.
A medida que el tejido hepático sano es reemplazado de forma lenta por tejido cicatricial, el hígado puede volverse menos capaz de realizar sus funciones habituales. En las etapas iniciales, esta disminución de la función puede ser difícil de notar y suele detectarse en análisis de sangre más que por síntomas. Con el tiempo, la función hepática alterada puede afectar la forma en que el cuerpo procesa medicamentos, regula componentes sanguíneos y elimina toxinas del torrente sanguíneo.
Cuando la fibrosis progresa a cirrosis, pueden aparecer complicaciones más graves, como las siguientes:
- Reducción del flujo sanguíneo a través del hígado, lo que puede aumentar la presión en un vaso sanguíneo llamado vena porta. Esta afección se denomina hipertensión portal.
- Acumulación de líquido en el abdomen, también conocida como ascitis.
- Sangrado, que puede ocurrir cuando la hipertensión portal causa el agrandamiento de venas denominadas várices, que pueden romperse.
- Confusión o dificultad para pensar con claridad, conocida como encefalopatía hepática.. Se produce por la acumulación de toxinas que el hígado ya no puede eliminar de forma eficaz.
- Insuficiencia hepática, que ocurre cuando el hígado ya no puede cumplir sus funciones vitales.
- Mayor riesgo de tener cáncer de hígado.
Detectar a tiempo las enfermedades que causan daño hepático y tratarlas puede ayudar a reducir el riesgo de complicaciones graves.
Prevención
La fibrosis hepática puede prevenirse o hacerse más lenta al reducir el daño hepático continuo y al tratar la enfermedad hepática de forma temprana. Abordar los factores de riesgo antes de que aparezca una gran cantidad de cicatrización puede ayudar a proteger la salud del hígado y reducir la probabilidad de enfermedad hepática avanzada.
Estas medidas pueden ayudar a prevenir la fibrosis hepática:
- Tratar la enfermedad hepática de forma temprana. El diagnóstico y manejo oportunos pueden reducir la inflamación y la cicatrización a largo plazo.
- Evitar el alcohol. El alcohol puede empeorar el daño hepático, en especial en personas con enfermedad hepática previa.
- Mantener un peso corporal saludable. Controlar el peso puede reducir el riesgo de enfermedad hepática esteatósica y de inflamación hepática continua. Un profesional de atención médica puede ayudar a elaborar un plan seguro y efectivo de control de peso.
- Seguir una alimentación saludable. Elegir una dieta rica en frutas, verduras y cereales integrales, con fuentes magras de proteína. Limitar los alimentos grasos y las frituras.
- Controlar afecciones a largo plazo. Afecciones como la diabetes tipo 2 y el colesterol alto pueden contribuir a la inflamación del hígado si no están bien controladas.
- Prevenir la hepatitis viral. La vacunación contra la hepatitis B y la reducción de la exposición a los virus de la hepatitis pueden ayudar a proteger el hígado.
- Asistir a consultas de seguimiento regulares. El seguimiento continuo permite a los profesionales de atención médica vigilar la salud del hígado y ajustar el tratamiento según sea necesario.