La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica y la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica son afecciones del hígado cada vez más comunes, especialmente en personas con obesidad, diabetes, presión arterial alta y colesterol alto. Antes se las conocía como enfermedad del hígado graso no alcohólico y esteatohepatitis no alcohólica, pero los expertos actualizaron los nombres para reflejar mejor su relación con la salud metabólica.
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica significa que el hígado tiene demasiada grasa. Esto puede ocurrir incluso si no consumes alcohol. Con frecuencia se detecta en personas con sobrepeso o diabetes. Más de un tercio de la población mundial tiene enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.
La esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica es un tipo más grave de enfermedad hepática. Significa que el hígado no solo tiene grasa, sino que también está inflamado y dañado.
El tipo de afección hepática que tengas, junto con otros factores, es clave para entender tu pronóstico.
Entender los resultados de la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica y la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica
Muchas personas con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica no presentan complicaciones hepáticas, especialmente si reducen sus factores metabólicos de riesgo. Las investigaciones demuestran que, en promedio, las personas con esta afección viven unos tres años menos que aquellas que no la tienen. La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica puede aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas y ciertos tipos de cáncer. Además, un máximo de un 20 % a un 30 % de las personas con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica pueden presentar esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica.
En el caso de la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica, la inflamación y el daño pueden derivar en fibrosis, que es la formación de cicatrices, en cirrosis, que son cicatrices más avanzadas, y en cáncer de hígado con el tiempo. Estas afecciones tienen un gran impacto en las tasas de supervivencia.
Factores que influyen en los resultados
Los profesionales de atención médica usan un sistema llamado clasificación de la etapa de fibrosis, que va de la F0 a la F4, para medir el grado de daño hepático.
Las personas con fibrosis en etapa F3 o F4 tienen mayor riesgo para insuficiencia hepática y cáncer. Esto se ve reflejado en las tasas de supervivencia promedio a 10 años.
- F0 a F2: entre el 89 % y el 93 %
- F3: alrededor del 81 %
- F4 o cirrosis: cerca del 51 %, según las complicaciones
La progresión de la formación de cicatrices a la cirrosis suele ser lento y puede llevar años o incluso décadas. En promedio, las personas con esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica progresan a la siguiente etapa de fibrosis aproximadamente cada siete años, en comparación con cada 14 años en las que tienen enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.
Las personas con cirrosis compensada, que es la formación de cicatrices hepáticas sin complicaciones graves, tienen tasas de supervivencia más altas que aquellas con cirrosis descompensada, que es la formación de cicatrices acompañada de complicaciones graves. Las complicaciones incluyen ascitis, que es la acumulación de líquido abdominal, várices hemorrágicas, que producen sangrado en el tracto gastrointestinal, y encefalopatía hepática, que causa confusión. En la cirrosis descompensada, el tiempo promedio de supervivencia sin trasplante de hígado es de 2 a 3 años.
Otros factores que influyen en el pronóstico incluyen los siguientes:
Salud del corazón. La enfermedad cardíaca es la principal causa de muerte en personas con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica y esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica. Esto se debe a que estas afecciones hepáticas suelen presentarse junto con presión arterial alta, colesterol alto y diabetes, que afectan el corazón.
Diabetes y obesidad. Tener diabetes o sobrepeso empeora la salud del hígado y aumenta el riesgo de problemas renales y otros problemas de salud.
Edad y sexo asignado al nacer. Las personas mayores tienden a tener más daño hepático. Los hombres pueden presentar más cicatrices, mientras que las mujeres tienden a acumular más grasa en el hígado, pero con progresión más lenta hasta la menopausia.
Estilo de vida. Beber alcohol, llevar una dieta poco saludable y no hacer ejercicio pueden agravar la enfermedad hepática. En cambio, los hábitos saludables pueden hacer más lento o incluso revertir el daño.
Genes. Algunas personas tienen características genéticas que las hacen más propensas al daño hepático. Los investigadores todavía están aprendiendo cómo utilizar esta información para ayudar a personas con afecciones hepáticas.
La buena noticia es que la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica y la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica pueden controlarse, e incluso mejorar, con cambios en el estilo de vida. Por ejemplo, perder entre el 7 % y el 10 % del peso corporal puede reducir la grasa y la inflamación del hígado. Seguir una dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, granos o cereales integrales y grasas saludables, también puede mejorar la salud hepática.
Oct. 15, 2025