Descripción general

La cirugía para la epilepsia es un procedimiento que elimina un área del cerebro donde se producen las convulsiones.

La cirugía para la epilepsia es más eficaz cuando las convulsiones ocurren siempre en un solo lugar del cerebro. Esta cirugía no es la primera línea de tratamiento, pero se considera cuando al menos dos medicamentos anticonvulsivos no han logrado controlar las convulsiones.

Es posible que necesites hacerte varias pruebas antes de la cirugía para determinar si la cirugía para la epilepsia es una opción y qué tipo de procedimiento debe hacerse.

Por qué se realiza

La cirugía para la epilepsia puede ser una opción cuando los medicamentos no controlan las convulsiones. Esta afección se conoce como epilepsia refractaria o resistente a los medicamentos. El objetivo de la cirugía para la epilepsia es detener las convulsiones o limitar su gravedad. La cirugía también se hace para disminuir las muertes relacionadas con convulsiones, el uso de medicamentos anticonvulsivos y los posibles efectos secundarios de los medicamentos.

La epilepsia mal controlada puede derivar en muchas complicaciones y riesgos para la salud, incluidas las siguientes:

  • Lesiones físicas durante una convulsión
  • Ahogo, si las convulsiones ocurren durante un baño o nadando
  • Depresión y ansiedad
  • Retraso en el desarrollo en los niños
  • Muerte súbita, una complicación poco frecuente de la epilepsia
  • Empeoramiento de la memoria u otras habilidades del pensamiento

Tipos de cirugía de epilepsia

Las convulsiones epilépticas son el resultado de la actividad anormal de las neuronas. El tipo de cirugía necesaria depende de la ubicación de las neuronas que desencadenan la convulsión y de la edad del paciente. Los tipos de cirugía incluyen:

  • La cirugía resectiva es la cirugía más común para la epilepsia y consiste en extirpar una pequeña parte del cerebro. El cirujano corta tejidos cerebrales del área del cerebro donde ocurren las convulsiones, que normalmente es el sitio de un tumor, una lesión cerebral o una malformación. La cirugía resectiva se suele hacer en uno de los lóbulos temporales, un área del cerebro que controla la memoria visual, la comprensión del lenguaje y las emociones.
  • La terapia térmica intersticial con láser es menos invasiva que la cirugía resectiva. Utiliza un láser para precisar y destruir una pequeña porción de tejido cerebral. Se utilizan imágenes por resonancia magnética (IRM) para guiar el láser.
  • La estimulación cerebral profunda consiste en el uso de un dispositivo que se coloca de forma permanente en lo más profundo del cerebro para liberar señales eléctricas temporizadas con regularidad que alteran la actividad que induce las convulsiones. Se utilizan imágenes por resonancia magnética para guiar este procedimiento. El generador que envía los pulsos eléctricos se implanta en el tórax.
  • La callosotomía es una cirugía que consiste en extirpar total o parcialmente la parte del cerebro que conecta los nervios en los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro, llamada cuerpo calloso. Normalmente, se utiliza en niños que presentan actividad cerebral anormal que se propaga de un hemisferio al otro del cerebro.
  • La hemisferectomía es un procedimiento para extirpar un lado (hemisferio) del cerebro llamado corteza cerebral. En general, esta cirugía se practica solo en niños que presentan convulsiones que se originan desde varios lugares en un hemisferio, que suele deberse a una afección presente en el nacimiento o en la primera infancia.
  • La hemisferectomía funcional es un procedimiento que se usa principalmente en niños que extirpa los nervios de conexión sin extirpar partes reales del cerebro.

Riesgos

Las diferentes áreas del cerebro controlan diferentes funciones. Los riesgos varían según el tipo y el sitio de la cirugía. El equipo de atención médica te explicará los riesgos específicos del procedimiento y las formas de reducir el riesgo de complicaciones. Entre los riesgos se pueden incluir los siguientes:

  • Problemas de memoria y del lenguaje que pueden afectar la capacidad para comprender y usar el lenguaje
  • Discapacidad visual en el lugar donde los campos de la visión se superponen
  • Depresión u otros cambios de estado de ánimo que pueden afectar las relaciones sociales
  • Dolor de cabeza
  • Accidente cerebrovascular

Cómo prepararse

Si alguien es un posible candidato para una cirugía para la epilepsia, trabajará con un equipo de atención médica en un centro especializado en epilepsia. El equipo de atención médica hará varias pruebas para lo siguiente:

  • Determinar la elegibilidad para la cirugía
  • Identificar el sitio de la cirugía adecuado
  • Comprender en detalle cómo funciona esa área del cerebro

Algunas de las pruebas son procedimientos ambulatorios y otras requieren una hospitalización.

Evaluaciones para detectar la zona problemática

Los siguientes procedimientos son pruebas estandarizadas utilizadas para identificar el origen de la actividad cerebral anormal.

  • Electroencefalograma (EEG) de valor basal. En esta prueba, se colocan electrodos sobre el cuero cabelludo para medir la actividad eléctrica que produce el cerebro cuando no ocurre una convulsión. Esta prueba puede indicar las áreas generales del cerebro que podrían estar afectadas y se puede hacer mientras el paciente está dormido o despierto.
  • Videoelectroencefalograma. Un electroencefalograma continuo con seguimiento en video registra las convulsiones cuando se producen. Debido a que los medicamentos para las convulsiones deben reducirse o suspenderse temporalmente para que se produzcan las convulsiones, la prueba se hace en un hospital. Evaluar los cambios en el electroencefalograma con los movimientos del cuerpo durante una convulsión ayuda a precisar el área del cerebro en la que se inician las convulsiones.
  • Imágenes por resonancia magnética. Esta prueba por imágenes utiliza un campo magnético y ondas de radio para crear imágenes detalladas que permiten a los médicos identificar las células dañadas, los tumores u otras anormalidades que pueden provocar convulsiones.

El equipo de cirugía puede solicitar pruebas adicionales para localizar el origen de las convulsiones y caracterizar la naturaleza de la actividad anormal. Algunas de estas pruebas incluyen las siguientes:

  • Control del electroencefalograma invasivo. Si una prueba de electroencefalograma no muestra dónde se inician las convulsiones, es posible que el control se deba hacer con electrodos colocados quirúrgicamente. El cirujano coloca ya sea rejillas o tiras de electrodos en la superficie del cerebro, o coloca electrodos en la zona más profunda del cerebro. El control del electroencefalograma se realiza mientras el paciente está inconsciente.
  • Videoelectroencefalograma con electrodos invasivos. Es posible que los electrodos colocados quirúrgicamente también sean necesarios para un procedimiento de videoelectroencefalograma. Después de la cirugía, los datos del videoelectroencefalograma se captan durante una hospitalización mientras el paciente está despierto, pero sin medicamentos anticonvulsivos.
  • Tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). Este dispositivo de imagen especializado se utiliza para medir la función del cerebro cuando la persona no tiene convulsiones. Las imágenes solas, o combinadas con datos de imágenes por resonancia magnética, pueden ayudar a identificar el origen de las convulsiones.
  • Tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT, por sus siglas en inglés). Este procedimiento mide el flujo de sangre en el cerebro durante una convulsión. Generalmente, el flujo de sangre es mayor en la parte del cerebro donde ocurren las convulsiones. Las personas se deben hospitalizar para hacerse esta prueba.

Evaluaciones para entender la función cerebral

Dependiendo del sitio de la cirugía, el equipo de atención médica podría recomendar pruebas para determinar las áreas precisas del cerebro que controlan el lenguaje, las sensaciones, las habilidades motrices u otras funciones importantes. Esta información ayuda al cirujano a preservar la función en el mayor grado posible cuando se extirpa o se altera un lugar en el cerebro.

Las pruebas pueden incluir:

  • Imágenes por resonancia magnética (IRM) funcionales. Esta prueba identifica regiones de la actividad del cerebro cuando estás haciendo una tarea concreta, como escuchar o leer. Esto ayuda al cirujano a saber cuáles son las ubicaciones precisas en el cerebro que controlan una función concreta.
  • Prueba de Wada. Con esta prueba, un medicamento inyectado duerme temporalmente un lado del cerebro a la vez. Luego, se hace una prueba del lenguaje y de la función de la memoria. Esta prueba puede ayudar a determinar qué lado del cerebro es el que domina el uso del lenguaje. Si bien las imágenes por resonancia magnética funcionales a menudo han remplazado esta prueba, se puede utilizar si el estudio de imagen no es posible.
  • Mapeo cerebral. Se colocan quirúrgicamente electrodos pequeños en la superficie del cerebro. Cuando la persona esté alerta luego de la cirugía, se hacen varias tareas que se emparejan con las mediciones de la actividad eléctrica del cerebro.
  • Magnetoencefalografía. Esta prueba analiza los campos magnéticos que producen las corrientes eléctricas en el cerebro. Se utiliza con datos obtenidos de otras fuentes para localizar los sitios de convulsiones.

Pruebas neuropsicológicas

Además, en general se recomienda el análisis para medir las habilidades de aprendizaje verbal y no verbal, y la función de la memoria. Estas pruebas pueden proporcionar aportes adicionales en el área del cerebro afectada por las convulsiones, y también un valor de referencia para medir la función después de la cirugía.

Lo que puedes esperar

Antes del procedimiento

Para evitar infecciones, te recortarán o rasurarán el pelo en la sección del cráneo que se extraerá durante la operación. Te colocarán una pequeña sonda flexible en una vena para suministrar por vía intravenosa líquidos, medicamento anestésico u otros medicamentos durante la cirugía.

Durante el procedimiento

Durante la cirugía, se controla la frecuencia cardíaca, la presión arterial y los niveles de oxígeno. Es posible que se graben las ondas cerebrales con un monitor de electroencefalograma durante la operación para localizar mejor la parte del cerebro desde donde comienzan las convulsiones.

La cirugía para la epilepsia suele hacerse con anestesia general. Durante el procedimiento, el paciente está inconsciente. En raras circunstancias, el cirujano puede despertar al paciente durante parte de la operación para ayudar al equipo a determinar qué partes del cerebro controlan el lenguaje y el movimiento. En dichos casos, se utilizan medicamentos para controlar el dolor.

El cirujano crea una ventana relativamente pequeña en el cráneo, según el tipo de cirugía. Después de la cirugía, se vuelve a colocar el hueso y se sujeta al resto del cráneo para su cicatrización.

Después del procedimiento

El paciente estará en un área de recuperación especial para recibir una supervisión atenta una vez que despierte de la anestesia. En la primera noche posterior a la cirugía, el paciente suele estar en una unidad de cuidados intensivos. Por lo general, la hospitalización total para la mayoría de las cirugías para la epilepsia es de aproximadamente tres a cuatro días.

Al despertar, la cabeza estará inflamada y dolorida. La mayoría de las personas necesitan tomar analgésicos durante al menos los primeros días. Colocar una compresa de hielo sobre la cabeza también puede ayudar. La mayor parte de la hinchazón y del dolor postoperatorio desaparece en pocas semanas.

La mayoría de las personas no puede volver al trabajo o la escuela en un plazo aproximado de 1 a 3 meses. Es necesario descansar y relajarse en las primeras semanas después de la cirugía para la epilepsia y luego se puede aumentar la actividad física.

Es poco probable que se necesite rehabilitación intensiva siempre y cuando la cirugía se haya completado sin complicaciones, como un accidente cerebrovascular o pérdida del habla.

Resultados

Los resultados de la cirugía para la epilepsia varían según el tipo de cirugía que se haga. El resultado previsto es controlar las convulsiones con medicamentos.

El procedimiento más común y más conocido, resección de tejido en el lóbulo temporal, da como resultado la eliminación de las convulsiones en dos tercios de las personas aproximadamente. Los estudios indican que, si una persona toma medicamentos anticonvulsivos y no tiene una convulsión en el primer año después de la cirugía en el lóbulo temporal, la posibilidad de no tener convulsiones en dos años es del 87 por ciento al 90 por ciento. Si no hay convulsiones en dos años, la probabilidad de no sufrir más convulsiones es del 95 por ciento a los cinco años y del 82 por ciento a los 10 años.

Si no hay convulsiones durante al menos un año, el proveedor de atención médica puede considerar disminuir la dosis del medicamento anticonvulsivo y, eventualmente, suspenderlo por completo. La mayoría de las personas que tienen una convulsión después de suspender el medicamento puede controlar las convulsiones al reanudar el medicamento.