Síndrome de la pospoliomielitis

05 de septiembre de 2026

Diagnóstico

No hay una prueba específica para diagnosticar el síndrome pospoliomielítico. El diagnóstico se basa en los antecedentes médicos y la exploración física, además de la exclusión de otras afecciones que podrían causar los signos y síntomas.

Indicadores del síndrome pospoliomielítico

Para dar un diagnóstico de síndrome pospoliomielítico, los médicos buscan tres indicadores:

  • Diagnóstico previo de poliomielitis. Es posible que esto requiera la búsqueda de expedientes médicos antiguos o la obtención de información de miembros de la familia de mayor edad.
  • Intervalo prolongado después de la recuperación. Las personas que se recuperan del ataque inicial de poliomielitis suelen vivir durante años sin más signos o síntomas. La aparición de los efectos tardíos varía ampliamente, pero generalmente comienza como mínimo 15 años después del diagnóstico inicial.
  • Aparición gradual. La debilidad de aparición tardía suele producirse en los músculos que se vieron afectados en el momento de la enfermedad inicial de la poliomielitis. La debilidad no siempre es notoria, a menos que interfiera en las actividades diarias. Puede que se despierte renovado pero se sienta agotado en las primeras horas de la tarde, cansado después de actividades que antes eran fáciles.

Además, como los signos y síntomas del síndrome pospoliomielítico son similares a los de otros trastornos, el médico tratará de excluir otras posibles causas, como la artritis, la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica y la escoliosis.

Pruebas para descartar otras afecciones

Debido a que no hay exámenes que confirmen un diagnóstico de síndrome pospoliomielítico, es posible que el médico use ciertas pruebas para descartar otras afecciones, entre ellas:

  • Electromiografía y estudios de conducción nerviosa. Durante la electromiografía se miden las descargas eléctricas diminutas que se producen en los músculos. Se introduce un electrodo con una aguja delgada en los músculos que se van a evaluar. Un instrumento registra la actividad eléctrica del músculo cuando está en reposo y cuando se contrae.

    En una variación de la electromiografía también conocida como estudio de conducción nerviosa, se adhieren dos electrodos a la piel por encima de un nervio que se evaluará. Le hacen una pequeña descarga a través del nervio para medir la velocidad de las señales nerviosas. Estas pruebas ayudan a identificar y descartar afecciones como la neuropatía, que es una afección anormal de los nervios, y la miopatía, que es un trastorno del tejido muscular.

  • Obtención de imágenes. También es posible que el médico le recomiende hacer una resonancia magnética o una tomografía computarizada para obtener imágenes del cerebro y de la médula espinal. Estas pruebas pueden ayudar a descartar trastornos de la columna vertebral, como la espondilosis, que es una afección degenerativa de la columna vertebral, o la estenosis espinal, que es el estrechamiento de la columna vertebral que ejerce presión sobre los nervios.
  • Biopsia muscular. El médico podría hacer una biopsia muscular para buscar evidencia de otra afección que pudiera estar causando la debilidad.
  • Análisis de sangre. Por lo general, las personas con síndrome pospoliomielítico tienen resultados de análisis de sangre normales. Los resultados de análisis de sangre anormales podrían indicar otro problema subyacente que esté causando los síntomas.

La ecografía muscular, que usa ondas sonoras para crear imágenes de los músculos, es una prueba no invasiva para evaluar la gravedad del síndrome pospoliomielítico y controlar su avance que parece ser prometedora. Se necesitan más estudios al respecto.

Tratamiento

No hay un tratamiento exclusivo para los diversos signos y síntomas del síndrome pospoliomielítico. El objetivo del tratamiento es controlar sus síntomas y ayudarle a que se sienta lo más cómodo e independiente posible. A continuación, le damos algunas opciones de tratamiento que pueden ayudarle a controlar los síntomas del síndrome pospoliomielítico:

  • Ahorro de energía. Esto implica ajustar la actividad física y descansar con frecuencia para reducir la fatiga. Los dispositivos de asistencia, como un bastón, un andador, una silla de ruedas o un scooter, pueden ayudarle a conservar la energía. Instalar una barra de agarre para la ducha o un asiento de inodoro elevado también podría ayudar. Un terapeuta puede mostrarle formas de respirar que ayudan a conservar la energía.
  • Fisioterapia. Su médico o terapeuta pueden recetarle ejercicios que fortalezcan sus músculos sin fatigarlos. Generalmente consisten en actividades menos extenuantes, como por ejemplo nadar o hacer ejercicios aeróbicos en el agua, para que realice cada dos días a un ritmo relajado.

    Es importante hacer ejercicio para mantener la forma física, pero evite usar músculos y articulaciones de forma excesiva y hacer ejercicio hasta el punto del dolor o la fatiga.

  • Terapia del habla. Un terapeuta del habla puede enseñarle maneras de compensar las dificultades para tragar. Los ejercicios de fortalecimiento de la voz también pueden ser útiles.
  • Tratamiento del trastorno del sueño. Es posible que tenga que cambiar sus patrones de sueño, como evitar dormir boca arriba o utilizar un dispositivo que ayude a abrir las vías respiratorias cuando duerme. Si tiene el síndrome de las piernas inquietas, el tratamiento para ese trastorno puede ayudar a mejorar la calidad del sueño y reducir la fatiga.
  • Medicamentos. Los analgésicos, como la aspirina, el acetaminofén (Tylenol, entre otros) y el ibuprofeno (Advil, Motrin IB, entre otros), pueden aliviar el dolor muscular y articular.

Otras posibles opciones de tratamiento pueden incluir el medicamento anticonvulsivo gabapentina (Neurontin, Gralise) que se suele utilizar para tratar el dolor de los nervios. Los analgésicos opiáceos crónicos, por lo general, no deben usarse debido a sus riesgos a largo plazo. Usted y el médico deben hablar sobre el plan de tratamiento adecuado para que pueda controlar el dolor y los síntomas.

Autocuidado

Tener que lidiar nuevamente con una enfermedad que creía superada, en ocasiones, puede ser desalentador y hasta abrumador. Recuperarse de la enfermedad inicial requirió empeño y determinación, pero ahora los efectos tardíos de la poliomielitis requieren que descanse y conserve la energía.

Estas son algunas sugerencias:

  • Limite las actividades que le causan dolor o fatiga. La clave es la moderación. Exigirse demasiado cuando tiene un buen día puede hacer que los próximos sean muy difíciles.
  • Abríguese. El frío aumenta la fatiga muscular. Mantenga su casa a una temperatura cómoda y póngase varias capas de ropa, especialmente cuando sale.
  • Evite las caídas. Elimine los tapetes (alfombras) y los estorbos sueltos en el piso, use zapatos buenos y evite las superficies resbaladizas o cubiertas de hielo.
  • Mantenga un estilo de vida saludable. Siga una alimentación equilibrada, deje de fumar y reduzca la ingesta de cafeína para mantenerse en forma, respirar más fácilmente y dormir mejor.
  • Proteja los pulmones. Si tiene problemas para respirar, preste atención a los signos de una infección respiratoria en desarrollo y procure tratarla rápidamente. No fume y manténgase al día con sus vacunas contra la gripe y la neumonía.

Preparación para la cita médica

En primer lugar, es probable que consulte al médico de cabecera. Sin embargo, probablemente, le remitan al neurólogo, un médico especializado en trastornos del sistema nervioso.

A continuación, encontrará información que le ayudará a prepararse para la cita médica.

Lo que puede hacer

Prepare una lista de lo siguiente:

  • Los síntomas, aun cuando no parezcan estar relacionados con el motivo de la cita médica, y cuándo comenzaron
  • Información personal crucial, como situaciones estresantes importantes o cambios recientes en la vida, antecedentes médicos personales y familiares
  • Todos los medicamentos, vitaminas u otros suplementos que tome, y las dosis
  • Preguntas para hacer al médico

En el caso del síndrome pospoliomielítico, entre las preguntas básicas para hacer al médico se encuentran:

  • ¿Cuál puede ser la causa de mis síntomas?
  • ¿Existen otras causas posibles?
  • ¿Qué pruebas necesito hacerme?
  • ¿Es probable que mi afección sea temporal o crónica?
  • ¿Qué tratamientos hay disponibles? ¿Cuál me recomienda?
  • Tengo otras afecciones de salud. ¿Cuál es la mejor manera de controlarlas de manera conjunta?
  • ¿Hay alguna restricción que deba seguir en relación con la actividad?
  • ¿Quedaré incapacitado?
  • ¿Hay algún folleto u otro material impreso que pueda llevarme? ¿Qué sitios web me recomienda?

No dude en hacer otras preguntas.

Lo que puede esperar del médico

Es probable que el médico le haga preguntas como las siguientes:

  • ¿Alguna vez tuvo poliomielitis? Si es así, ¿cuándo?
  • ¿Cuál fue la gravedad de la infección poliomielítica?
  • ¿Qué partes de su cuerpo afectó la poliomielitis?
  • Después de la infección de polio, ¿le quedó una debilidad persistente?
  • ¿Los síntomas han sido continuos u ocasionales?
  • ¿Hay algo que parezca mejorar los síntomas?
  • ¿Hay algo que parezca empeorar los síntomas?

Afrontamiento y apoyo

Lidiar con la fatiga y la debilidad del síndrome pospoliomielítico puede ser difícil física y psicológicamente. Es posible que necesite el apoyo de sus amigos y familia. No dude en hablar con ellos sobre el tipo de ayuda que necesita.

Considere unirse a un grupo de apoyo para personas con síndrome pospoliomielítico. A veces, simplemente hablar con personas que tienen problemas similares puede ayudar. Pida al médico que le brinde información sobre los grupos de apoyo de su zona.

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