John y Carolyn Sonnentag

Una oportunidad para bailar: un joven, una joven y un baile de boda que tardó 50 años en realizarse

Escrito por el personal de Mayo Clinic

Carolyn y John Sonnentag bailan nuevamente después de la atención que recibió John. John se sometió a una cirugía para que le extirparan un tumor de la médula espinal.

Como de costumbre, John Sonnentag estaba sentado en la última fila de su clase de historia en la University of Wisconsin-Eau Claire (Universidad de Wisconsin-Eau Claire), tratando de no ser llamado, cuando entró un grupo turístico de futuros estudiantes.

"Había una chica que tenía un peinado rubio abultado, una mujer simplemente hermosa, y no podía apartar mis ojos de ella", recuerda.

Después del recorrido, la chica se inscribió. Resultó que sus familias vivían en la misma zona cerca de Wausau, Wisconsin, y la hermana de John la conocía. Su nombre, Carolyn.

"Me enteré de que él tenía un automóvil y que llevaba a la gente a casa los fines de semana", dice Carolyn. "Me contacté con él y le dije: 'Me gustaría que me lleves a mi casa'".

"Así que, en realidad, ella necesitaba mi auto", recuerda John. "En realidad no estaba interesada en conocerme".

Al principio, Carolyn eligió el asiento justo detrás de John, "lo más lejos de mí posible", se ríe de los días en que en los autos se podían sentar cómodamente seis adultos. "Luego, como ya me conocía un poco más, se empezó a sentar en el medio. Luego, se empezó a sentar en el asiento trasero del otro lado. Al mes, se empezó a sentar en el asiento delantero del lado de la puerta. Después, se empezó a sentar a mi lado".

Después de uno de los viajes a casa el fin de semana, estacionaron frente a su casa y hablaron durante una hora.

Entonces, ella lo invitó a entrar para conocer a sus padres.

"Después de eso", dice John, "ha sido la historia de Carolyn y John".

Entonces tenemos al chico y a la chica, pero todavía no hay baile de bodas. Se casaron cuando aún eran ocupados estudiantes universitarios, y sus padres ayudaron a planear la boda, pero allí no hubo baile.

John se graduó un año después de la boda y se incorporó al pequeño negocio de concreto que su padre había comenzado con solo un camión y una máquina de bloques en 1946. Carolyn se graduó y trabajó como tecnóloga médica durante seis años antes de unirse al negocio familiar de John. Juntos, transformaron la pequeña empresa con solo dos empleados en una compañía nacional con más de 2,000 empleados y cerca de 50 plantas en todo Estados Unidos.

También formaron una familia, se convirtieron en abuelos y, finalmente, entregaron la mayor parte del negocio familiar a sus hijos. En el camino se convirtieron en bailarines de salón, dando vueltas en la pista uno en brazos del otro.

50 años después

John estaba podando un árbol de bambú fuera de su casa en Mount Dora, Florida. Mientras halaba la bolsa de ramas hacia el camino, se enganchó en un aspersor y se torció la espalda.

"Me sentía bien hasta que me acosté", dice John. "En dos minutos, supe que algo andaba mal".

John estaba bien de pie pero en agonía cuando estaba acostado, tenía privación de sueño y gradualmente perdió su capacidad de caminar. Fue de médico en médico, incluso neurocirujanos, para intentar averiguar qué era lo que estaba mal. Carolyn estuvo a su lado todo el tiempo.

"Durante dos años, empeoré progresivamente hasta el punto de que no podía caminar a menos que la tuviera a mi lado y pusiera mi mano sobre su hombro, y así es como caminaba", dice John.

Finalmente, un grupo de cirugía de Tampa identificó un tumor entrelazado en su médula espinal pero no pudo operarlo debido a la ubicación del tumor. Le dijeron que solo tres neurocirujanos en el estado podían hacerlo, y dos estaban en el campus de Mayo Clinic en Jacksonville, Florida.

Los Sonnentags nunca habían estado en Mayo Clinic, y John no estaba convencido de una cirugía en su médula espinal. Pero con el aliento de sus amigos, fueron a Jacksonville un domingo, entraron a la clínica el lunes y le contaron a la recepcionista sobre el problema de John.

"Primero vi a un generalista y él dijo, 'creo que será mejor que traiga a alguien más aquí''".

Ese alguien era el Dr. Robert E. Wharen Jr., antiguo presidente del Department of Neurosurgery (Departamento de Neurocirugía) en el campus de Mayo Clinic en Florida.

"El Dr. Wharen estaba en su oficina ese día y no en cirugía, así que ese fue mi primer golpe de suerte", dice John. "Me miró y miró las radiografías y, por supuesto, sabía exactamente cuál era el problema".

Volver a bailar

El Dr. Wharen les dijo que estaría realizando el mismo procedimiento en otro paciente al día siguiente y podría extirpar el tumor de John después de eso. Carolyn recuerda que John le dijo al Dr. Wharen: "Hagas lo que hagas, solo asegúrate de que cuando termine todo esto pueda volver a bailar".

El tumor de John era del tamaño de una pelota de golf y puede haber estado creciendo durante 20 años. "John estaba casi al punto de estar en una silla de ruedas", dice Carolyn. "Si no hubiéramos venido aquí y no tuviéramos al Dr. Wharen, mi esposo habría quedado parapléjico".

Después de la cirugía, John comenzó el proceso de recuperación, incluida la fisioterapia.

"Puedo caminar y bailar", dice John. "Mejoro cada día. Han pasado más de tres años desde que me operaron, pero me tomó todo ese tiempo recuperar el equilibrio en las piernas. Fue una experiencia desgarradora por un tiempo, pero entré en el lugar correcto y conseguí al cirujano adecuado. Tuve mucha suerte".

Luego, los Sonnentag preguntaron cómo podían ayudar a otras familias como la suya, que algún día pudieran necesitar la experiencia de un neurocirujano como el Dr. Wharen. El Dr. Wharen tenía una respuesta lista: educación.

Neurocirujanos de la próxima generación

«Es increíble tener un paciente agradecido que quiera darnos un obsequio con el que se creará un programa de residencia a perpetuidad, para las futuras generaciones de neurocirujanos».— Robert E. Wharen Jr., M.D.

El costo de capacitar a un futuro neurocirujano durante siete años ha aumentado a casi $1 millón. A pesar del aumento, el gobierno limitó la financiación de la educación médica hace varios años. Por lo tanto, comenzar un nuevo programa de capacitación es un desafío financiero, aunque se espera que aumente la tasa de jubilación de neurocirujanos.

"Hay una gran necesidad de capacitar neurocirujanos en este país", dice el Dr. Wharen. "Ahora hay una escasez de neurocirujanos, y esa escasez en realidad va a empeorar".

A pesar de los desafíos, el campus de Florida de Mayo Clinic se convirtió en la primera institución en varios años en lanzar un nuevo programa de residencia para ayudar a abordar la escasez de especialistas en procedimientos de cabeza y columna vertebral en todo el país. Sin embargo, el incipiente programa de residencia en neurocirugía necesitaba apoyo más allá de lo que Mayo Clinic y el financiamiento educativo tradicional podían proporcionar. John y Carolyn Sonnentag intervinieron con una donación de $10 millones para apoyar la educación de los residentes de neurocirugía a perpetuidad.

"Mayo Clinic está sumamente bendecido por tener pacientes tan agradecidos", dice el Dr. Wharen. "Cuando escuché que los Sonnentag estaban interesados en financiar el programa de residencia en neurocirugía, me sentí muy afortunado porque sabía que en el futuro, la educación médica será un desafío cada vez mayor a medida que los fondos para la atención de la salud se vuelvan más y más ajustados.

"Tener un paciente agradecido que esté dispuesto a darnos un regalo que otorgue un programa de residencia a perpetuidad, para futuras generaciones de neurocirujanos, es simplemente increíble".

Cuando esté completamente desarrollado, el programa de residencia educará a siete residentes en varias etapas de su capacitación. A medida que uno se gradúa, otro ingresará al programa. Su impacto se sentirá mucho más allá de Mayo Clinic, ya que la mayoría de los graduados llevarán su conocimiento de Mayo a puestos en todo el país y en todo el mundo.

Los Sonnentag hicieron su regalo en honor al Dr. Wharen.

"Estamos felices de hacer eso, porque tal vez hay alguien que necesita esa atención", dice John. "El Dr. Wharen quiere ampliar su visión y yo quiero ayudarlo".

Y llegó el momento del baile

Ya retirado el tumor y tras haber ayudado a las futuras generaciones mediante su bondad y generosidad, todavía quedaba pendiente la historia de los enamorados ¡que por fin tuvieron su baile de bodas!

En agosto de 2015, John y Carolyn celebraron su 50.° aniversario de bodas. Invitaron al Dr. Wharen y a su esposa a la celebración con una banda de siete músicos, una gran fiesta y, esta vez, un baile.

Y ahí fue donde ocurrió.

"Mi nieta quería que me pusiera el vestido de novia porque lo había exhibido en la fiesta", dice Carolyn. A eso de las 10 de la noche, decidió ponerse el vestido. Todavía le quedaba perfecto. La nieta de Carolyn sostuvo la cola del vestido mientras su nieto la escoltaba a la celebración y la llevaba hacia donde se encontraba John. Se abrazaron el uno al otro con sus atuendos de boda y bailaron.

"Cuando terminé de bailar con él, pensé: '¿Y si no pudiera bailar?'", recuerda Carolyn, mientras rompe en sollozos. "Así que fui hasta el micrófono y dije: 'A todos los que están aquí esta noche quiero decirles que son muy, muy especiales, pero hay una persona aquí que es extra especial: el Dr. Robert Wharen. Él trabaja en Mayo Clinic y es el hombre que salvó la vida de mi esposo; es la razón por la que John y yo pudimos bailar esta noche.

Dr. Wharen, ¿podría venir a la pista de baile?'

Y yo bailé con él y John bailó con su esposa. Y lloro cada vez que digo esto, pero fue muy emotivo. Hemos sido bendecidos. Toda esa emoción y todo lo que nos pasó son la razón por la que elegimos hacer lo que estamos haciendo".

A través de una generosa filantropía como la de los Sonnentag, Mayo Clinic puede educar los futuros líderes médicos y proporcionar resultados que cambien las vidas de las personas. Gracias por los aportes.