Diagnóstico

Un menisco desgarrado a menudo puede identificarse durante un examen físico. Es posible que el médico te coloque la rodilla y la pierna en diferentes posiciones, te observe caminar y te pida que te pongas en cuclillas a fin de precisar la causa de tus signos y síntomas.

Pruebas de diagnóstico por imágenes

  • Radiografías. Debido a que el menisco está hecho de cartílago, un menisco desgarrado no aparecerá en las radiografías. Pero las radiografías pueden ayudar a descartar otros problemas en la rodilla que causan síntomas similares.
  • Resonancia magnética. Usa un campo magnético potente para producir imágenes detalladas de los tejidos duros y blandos de la rodilla. Es el mejor estudio por imágenes para detectar un menisco desgarrado.

Artroscopia

En algunos casos, tu médico podría utilizar un instrumento conocido como artroscopio para examinar el interior de la rodilla. El artroscopio se inserta a través de una pequeña incisión cerca de la rodilla.

El dispositivo contiene una cámara muy pequeña y liviana, que transmite una imagen ampliada del interior de la rodilla a un monitor. Si es necesario, es posible insertar instrumentos quirúrgicos a través del artroscopio o a través de incisiones adicionales en la rodilla para recortar la porción afectada del menisco o para reparar la rotura o el desgarro.

Tratamiento

Por lo general, el tratamiento para un menisco desgarrado comienza de forma moderada en función del tipo, el tamaño y la ubicación del desgarro.

Los desgarros asociados con la artritis a menudo mejoran con el tiempo cuando se trata la afección, por lo que la cirugía generalmente no está indicada. Muchos otros desgarros que no están asociados con el bloqueo o con un bloqueo del movimiento de la rodilla se volverán menos dolorosos con el tiempo, por lo que tampoco requieren cirugía.

Tu médico puede recomendarte lo siguiente:

  • Descansar. Evita las actividades que agraven el dolor de rodilla, especialmente cualquier actividad que haga que tuerzas, rotes la rodilla, o gires sobre esta. Si el dolor es intenso, el uso de muletas puede aliviar la presión de la rodilla y favorecer la recuperación.
  • Aplicar hielo. El hielo puede reducir el dolor y la hinchazón de la rodilla. Aplica una compresa fría, una bolsa de verduras congeladas o una toalla llena de cubitos de hielo durante unos 15 minutos cada vez, manteniendo la rodilla elevada. Haz esto cada 4 a 6 horas durante uno o dos días y, luego, con la frecuencia necesaria.
  • Medicamentos. Los analgésicos de venta libre también pueden ayudar a aliviar el dolor de rodilla.

Terapia

La fisioterapia puede ayudarte a fortalecer los músculos que rodean la rodilla y también la musculatura de las piernas para ayudar a estabilizar y sostener la articulación de la rodilla.

Cirugía

Si sigues sintiendo dolor en la rodilla a pesar de la terapia de rehabilitación o si la rodilla se bloquea, tu médico podría recomendar una cirugía. A veces es posible reparar un menisco desgarrado, especialmente en niños y adultos más jóvenes.

Si el desgarro no se puede reparar, el menisco se puede recortar quirúrgicamente, posiblemente a través de incisiones diminutas y usando un artroscopio. Después de la cirugía, necesitarás hacer ejercicios para aumentar y mantener la fuerza y estabilidad de la rodilla.

Si tienes artritis degenerativa avanzada, tu médico podría recomendarte un reemplazo de rodilla. Para las personas más jóvenes que tienen signos y síntomas después de la cirugía pero no tienen artritis avanzada, un trasplante de menisco podría ser apropiado. La cirugía implica un trasplante con el menisco de un cadáver.

Estilo de vida y remedios caseros

Evita las actividades que puedan agravar el dolor de rodilla, en especial los deportes que exijan pivotar sobre la rodilla o girarla, hasta que el dolor desaparezca. El hielo y los analgésicos de venta libre pueden ser útiles.

Preparación para la consulta

El dolor y la discapacidad asociados con una rotura del menisco incitan a muchas personas a buscar atención de emergencia. Otros programan una cita con su médico de cabecera. Dependiendo de la gravedad de la lesión, es posible que te remitan a un médico especializado en medicina deportiva o a un especialista en cirugía de huesos y articulaciones (cirujano ortopédico).

Qué puedes hacer

Antes de una cita, debes estar preparado para contestar las siguientes preguntas:

  • ¿Cuándo ocurrió la lesión?
  • ¿Qué estabas haciendo en ese momento?
  • ¿Escuchaste algún chasquido fuerte o tuviste una sensación de chasquido?
  • ¿Se te hinchó mucho la zona después de ese momento?
  • ¿Te lesionaste la rodilla anteriormente?
  • ¿Los síntomas han sido continuos u ocasionales?
  • ¿Parece que ciertos movimientos mejoran o empeoran tus síntomas?
  • Cuando intentas mover la rodilla, ¿se bloquea o sientes una especie de bloqueo?
  • En algún momento, ¿sientes que la rodilla es inestable o que es incapaz de soportar tu peso?