13 de Abril de 2011
ROCHESTER, Minnesota — Una nuevo estudio sobre el efecto de una táctica muy utilizada en las unidades hospitalarias de cuidados intensivos (UCI) para reducir la dispersión de bacterias resistentes a los antibióticos revela que dicha táctica no ejerce un efecto importante. Ese es el sorprendente hallazgo de un estudio realizado en varios centros y dirigido por investigadores de Mayo Clinic. Las bacterias, el estafilococo áureus resistente a la meticilina (SARM) y el enterococo resistente a la vancomicina (ERV), muestran resistencia a los antibióticos comunes y son más difíciles de tratar cuando un paciente se infecta. Los hallazgos aparecen en la edición del New England Journal of Medicine.
La táctica incluye detectar si los pacientes ingresados a las UCI son portadores de SARM o ERV, procedimiento conocido como "vigilancia activa" (obligatoria en algunos estados), y la utilización de medidas de precaución (guantes y batas) por parte de los proveedores de atención médica cuando atienden a los pacientes con esas bacterias.
"El resultado de que 'no surte efecto' fue sorprendente, sobre todo por dos razones: la primera fue que la vigilancia activa logró identificar a varios pacientes sobre quienes no se sabía que eran portadores de SARM o ERV; y la segunda fue que para atender a los pacientes positivos a SARM o ERV, se tomaron medidas de precaución durante casi toda su permanencia en la UCI", comenta el Dr. W. Charles Huskins, especialista en enfermedades infecciosas de Mayo Clinic y autor principal del artículo.
El estudio se concentró en determinar si la táctica surtía efecto para evitar la dispersión de SARM o ERV, mas no en saber si ésta disminuía las infecciones fruto de estas bacterias. Aparte de la higiene de las manos, las medidas de precaución evitaron que se contaminaran por SARM o ERV las manos o vestimentas de los empleados de la salud, así como el equipo y superficies alrededor de la zona donde se encontraba el paciente, que podrían haber sido fuente de dispersión de estas bacterias a otros enfermos. Las infecciones se logran evitar aplicando otros conjuntos de intervenciones.
La suposición y la hipótesis del estudio fueron que una intervención que abarcaba vigilancia activa y amplio uso de medidas de precaución reducía la dispersión de SARM o ERV en las UCI participantes, en comparación con las prácticas existentes en las unidades de cuidados intensivos del grupo de control.
El estudio se realizó en 18 unidades de cuidados intensivos de los principales centros médicos académicos del país y empleó un diseño aleatorio por racimos, (un diseño científicamente riguroso para este tipo de estudio) a fin de comprobar la eficacia de la intervención. En cada UCI, todos los pacientes atendidos representaban un "racimo" y se asignaban aleatoriamente a recibir atención mediante la intervención o a través de los procedimientos existentes (grupo de control).
En todas las UCI, se implementó vigilancia activa para SARM y ERV. Se obtuvieron muestras mediante frotis de las superficies corporales de los pacientes poco después de su ingreso a la UCI y se realizaron cultivos para SARM y ERV. Los resultados de los cultivos se informaron sólo en las UCI bajo intervención.
En las UCI bajo intervención, los pacientes cuyos cultivos fueron positivos para SARM o ERV, o aquellos con antecedentes de un resultado positivo en el año anterior recibieron atención con medidas de precaución para contacto con el paciente, las mismas que requerían que los proveedores de atención médica practicaran la higiene de las manos y usaran guantes limpios, además de una bata, siempre que entraban en contacto con estos pacientes o con su entorno. Los pacientes que ingresaban por primera vez recibían atención bajo la medida universal de utilizar guantes, que es similar a las medidas de precaución para contacto con el paciente, excepto que no se requería el uso de una bata sino hasta que los resultados de los cultivos realizados al ingreso fuesen negativos para SARM y ERV.
En ambos grupos de unidades de cuidados intensivos habían observadores en las habitaciones de los pacientes que registraban los datos sobre la higiene de las manos de los proveedores de atención médica, además de su utilización de guantes y batas.
La vigilancia activa descubrió un gran subgrupo de pacientes sobre quienes anteriormente no se sabía que tenían infección por SARM o ERV. En las UCI bajo intervención, los pacientes infectados o con colonias de SARM o ERV fueron asignados a recibir atención con precauciones para contacto o con el uso universal de guantes durante el 92 por ciento de los días que permanecieron en la UCI.
Pese a eso, al comparar las UCI bajo intervención con las UCI de control, no hubo diferencia en la frecuencia de nuevas colonizaciones o infecciones por SARM o ERV, ni de cada una por separado. La higiene de las manos y el uso de guantes por parte de los proveedores de atención médica en las UCI bajo intervención fue menor al requerido. Cuando se analizó más a fondo la situación, se observó que ésta no era la única explicación para el resultado del ensayo, sino que los autores dicen que un "rendimiento ejemplar" en este sentido reduciría con mayor eficacia la dispersión.
Los científicos llegaron a la conclusión de que la sola identificación de más pacientes infectados mediante vigilancia activa y aplicación de medidas de precaución posiblemente no sea tan eficaz. Plantean que es importante cumplir mejor con las precauciones para aislamiento, aunque eso necesitaría complementarse con intervenciones que reduzcan la colonización bacteriana en el cuerpo y mejoren la limpieza ambiental.
Entre otros autores del estudio están Charmaine Huckabee, Heather Kopetskie, Louise Zimmer y el Dr. Dennis Wallace de Rho Federal Systems Division, Inc., en Chapel Hill, Carolina del Norte; los doctores Naomi O'Grady y Patrick Murray de los Institutos Nationales de Salud; Mary Ellen Walker de la Universidad de Alabama en Birmingham; Ronda Sinkowitz-Cochran y el Dr. John Jernigan de los Centros para Prevención y Control de Enfermedades; el Dr. Matthew Samore de la Universidad de Utah, así como el Dr. Donald Goldmann de la Escuela de Medicina de Harvard y del Instituto para Mejoras en la Atención de la Salud. El sitio electrónico de la revista menciona también a otros investigadores y centros participantes en el ensayo.
El estudio se financió principalmente gracias al Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, además de un apoyo que osciló desde el Centro Nacional de Recursos para Investigación hasta el Centro de Mayo Clinic para Actividades Científicas Translacionales y la Unidad de Investigación Clínica General de la Universidad de Emory. Por otro lado, Merck and Co., Inc., Elan Pharmaceuticals, Inc., Roche Diagnostics, y Kimberly-Clark también ofrecieron su apoyo al estudio.
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Emily A. Hiatt
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