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Los puntos más destacados de la edición de agosto de Mayo Clinic Women's HealthSource

17 de Agosto de 2010

El consumir soda se vincula a obesidad, diabetes tipo 2 y otros problemas médicos

ROCHESTER, Minnesota — El beber mucha soda puede traer consecuencias para la salud que oscilan desde ganancia de peso a osteoporosis y/o problemas renales, indica la edición de agosto de Mayo Clinic Women's HealthSource.

Las sodas, que en algún momento se consideraron sólo un "gusto" ocasional, durante los últimos 30 años se consumen de manera constante y en más cantidad. Muchas personas en Estados Unidos beben soda a diario. La demanda es tan grande que los fabricantes producen soda en una cantidad superior a 52 galones anuales, a fin de abastecer la provisión promedio de un hombre, mujer o niño en Estados Unidos.

Mayo Clinic Women's HealthSource estudia los posibles efectos sobre la salud del consumo de tanta soda. Los estudios en Estados Unidos han descubierto, por ejemplo, una relación entre el hábito de consumir soda y tasas crecientes de obesidad o diabetes tipo 2, tanto en adultos como en niños. A continuación se mencionan otros posibles efectos.

Sobrecarga de azúcar: muchas de las objeciones sobre las sodas se enfocan en el azúcar. Una bebida de 12 onzas de soda normalmente contienen 9 cucharas de azúcar y 140 calorías. Las investigaciones han demostrado que los adultos y niños que suelen consumir bebidas con alto contenido de azúcar generalmente tienden a ingerir más calorías y ganar peso. Ese aumento de peso se correlaciona directamente con mayor riesgo de diabetes tipo 2.

¿Es, entonces, mejor la soda de dieta? A pesar del bajo contenido calórico de las sodas de dieta, las encuestas de nutrición revelan que quienes las consumen no siempre comen más sano ni pierden peso. Algunos datos sugieren que los edulcorantes artificiales de las bebidas dietéticas podrían aumentar la necesidad de azúcar de la persona y motivarla a elegir mal sus alimentos.

Síndrome metabólico: un estudio de la revista Circulation descubrió que los adultos de mediana edad que diariamente beben una o más sodas, sea de dieta o normales, tienen más riesgo de desarrollar síndrome metabólico, término que abarca un conjunto de afecciones entre las que se incluye hipertensión, excesiva ganancia de peso alrededor de la cintura, colesterol alto y resistencia a la insulina.

Osteoporosis: la gente que prefiere beber soda podría consumir menos cantidad de leche, que es una fuente importante de calcio. El hecho de tener un nivel más bajo de calcio puede aumentar el riesgo de padecer osteoporosis, afección en la que los huesos son proclives a sufrir fracturas. Además, es factible que el ácido fosfórico y la cafeína contenida en las bebidas carbonatadas promuevan pérdida de calcio en los huesos.

Cálculos renales: algunas pruebas indican que las sodas se vinculan con la formación de cálculos en los riñones. El beber dos o más sodas normales o de dieta al día podría aumentar el riesgo para enfermedad renal crónica.

Lo mejor para quienes intentan perder peso o mejorar su alimentación sería eliminar las sodas o sólo tomarlas ocasionalmente. Para el resto de gente también sería bueno disminuirlas, sobre todo aquellos que beben más de una soda al día.

La rehabilitación cardiaca es muy provechosa, pero muchas mujeres no participan en ella

ROCHESTER, Minnesota — La gente que participa en rehabilitación cardíaca disminuye en casi 30 por ciento su posibilidad de morir en los siguientes dos a cinco años, indica la edición de agosto de Mayo Clinic Women's HealthSource. Otros resultados comprobados de la rehabilitación cardiaca son el presentar menos estrés, dolor y riesgo de problemas cardiacos futuros, así como mayor capacidad para volver a trabajar y participar en actividades sociales.

Sin embargo, menos de 33 por ciento de la gente elegible para rehabilitación cardiaca realmente participa en ella. Dentro del grupo que asiste a rehabilitación cardiaca están especialmente mal representadas las mujeres, las minorías y las personas mayores. Las mujeres, sobre todo las mayores, se muestran menos interesadas a que se las refiera a rehabilitación cardiaca y cuando se lo hace, son menos proclives a asistir.

Los programas de rehabilitación cardiaca se crean para atender las necesidades particulares de cada individuo y normalmente se componen de una evaluación médica, consejería, entrenamiento y apoyo, a fin de sustentar cambios en el estilo de vida que permitan evitar futuros problemas del corazón. Entre los puntos que normalmente abarcan están los siguientes:

Hacer más ejercicio: el ejercicio fortalece los músculos cardiacos para que éstos puedan bombear más sangre, con menos esfuerzo. Para la mayoría de gente, el mejor objetivo es hacer ejercicio a diario durante 45 a 60 minutos y fortalecimiento muscular dos a tres veces por semana.

Modificar los factores de riesgo: los pacientes desarrollan un plan para tratar los riesgos que contribuyen a su enfermedad cardiaca, tales como tabaquismo, obesidad, diabetes, hipertensión y colesterol alto.

Nutrición: los pacientes trabajan con un especialista en dietética para aprender a planificar comidas sanas para el corazón, poniendo énfasis en el consumo de gran cantidad de frutas y verduras, así como de alimentos con bajo contenido de grasas saturadas y transaturadas, colesterol, azúcar refinado y sal.

Salud psicológica: por lo general, la rehabilitación cardiaca también incluye tratamiento para cualquier problema de la salud mental, además de apoyo emocional. Después de un ataque cardiaco, es muy común sentir depresión y las mujeres son particularmente vulnerables a ello. Además, la persona también podría sentir ansiedad, ira y aislamiento social, todo lo que quizás contribuye a presentar más problemas del corazón.

A los pacientes que sufrieron un ataque cardiaco cada vez se les recomienda con más frecuencia que reciban rehabilitación cardiaca, la misma que también es útil para quienes se sometieron a cirugía para derivación coronaria, angioplastia, colocación de endoprótesis o marcapasos, cirugía de válvulas cardiacas y trasplante de corazón o pulmón. De igual manera, la rehabilitación cardiaca también sería provechosa para la gente que sufre de insuficiencia cardiaca, dolor en el pecho (angina), enfermedad arterial periférica y enfermedad cardiovascular congénita.

Los efectos de la poliomielitis emergen décadas más tarde

ROCHESTER, Minnesota — Décadas después de la última epidemia de poliomielitis en los Estados Unidos, la gente que hace mucho tiempo se había recuperado de esa enfermedad vuelve a sentir sus efectos. La edición de agosto de Mayo Clinic Women's HealthSource ofrece una visión general sobre el síndrome posterior a la poliomielitis, sus causas y alternativas de tratamiento.

Durante la primera mitad del siglo XX, la poliomielitis fue una de las enfermedades más temidas en Estados Unidos. La poliomielitis paralítica provoca dolor y debilidad en brazos y piernas, además de problemas para tragar y respirar. Eso ocurre cuando el virus de la polio ataca y elimina a las neuronas motoras que controlan los músculos.

A partir del año 1995 cuando hizo su aparición la vacuna contra la polio, la enfermedad casi se erradicó en Estados Unidos. No obstante, a principios de la década de los 90, los pacientes que anteriormente sufrieron poliomielitis y se recuperaron, empezaron a informar sobre dolor y debilidad progresiva en músculos y articulaciones, además de problemas de cansancio.

Los científicos de Mayo Clinic ofrecieron seguimiento médico a un grupo de adultos en Minnesota que padeció de poliomielitis entre 1935 y 1955, a fin de aprender más sobre los efectos duraderos de la enfermedad. Los científicos tenían la sospecha de que la edad desempeñaba alguna función en ello. "Si una persona pierde células nerviosas en su juventud debido a la poliomielitis y las células restantes trabajan el doble, es de esperar que se presenten más problemas con la pérdida de células fruto del envejecimiento", explica el Dr. Anthony Windebank, neurólogo y director del Programa de Neurobiología Regenerativa de Mayo Clinic en Rochester.

Por otro lado, debido al daño sufrido por la poliomielitis las personas podrían cojear o caminar de manera diferente y, por ello, ser más proclives a presentar desgaste y artritis en las rodillas. Además, la gente que aprendió a compensar los problemas derivados de la polio, podría notar que dicha compensación les produce bastante cansancio.

Si bien no existe ningún tratamiento específico para el síndrome posterior a la poliomielitis mismo, es posible tratar y controlar la mayoría de síntomas. La recomendación para aquellos pacientes que creen que la polio les ocasiona síntomas es que acudan a que los evalúe un proveedor de atención médica que entienda sobre la enfermedad y tenga experiencia en el tratamiento de trastornos neuromusculares.

Mayo Clinic Women's HealthSource se publica mensualmente para ayudar a la mujer a disfrutar de una vida más sana y productiva. Los réditos de las suscripciones sirven para financiar investigaciones médicas en Mayo Clinic. Para suscribirse, por favor visite www.bookstore.mayoclinic.com.

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