17 de Agosto de 2010
ROCHESTER, Minnesota — Si bien a veces la solución es simple, por ejemplo usar durante poco tiempo laxantes o comer más fibra, en ocasiones, encontrar alivio para el estreñimiento puede ser más difícil. Para la mayoría de personas adultas, el estreñimiento constituye un problema crónico que necesita un plan de tratamiento personalizado.
La edición de agosto de Mayo Clinic Health Letter aclara mitos y verdades sobre el problema de salud que, en algún momento, afecta prácticamente a todo el mundo: el estreñimiento.
Mito: el hecho de no defecar a diario indica que existe estreñimiento.
Verdad: el estreñimiento se define con mayor exactitud como el defecar con poca frecuencia o tener dificultad para evacuar las heces. La frecuencia normal con la que los adultos pueden defecar varía de tres veces diarias a tres por semana.
Mito: el estreñimiento ocasiona que el cuerpo absorba toxinas de las heces.
Verdad: eso es falso. Debido a esta creencia, mucha gente toma laxantes innecesariamente si no defeca a diario, mientras que otros intentan limpiar el colon para sacar las supuestas toxinas. Sin embargo, estas prácticas no sirven y podrían ser peligrosas.
Mito: el estreñimiento es producto de una mala alimentación.
Verdad: a pesar de que ingerir una alimentación con bajo contenido de fibra podría contribuir al estreñimiento, el de tipo crónico generalmente involucra otros factores. El estreñimiento puede ser consecuencia de otra enfermedad o el efecto secundario de algún medicamento o suplemento. En las mujeres, el estreñimiento podría ocasionar disfunción del piso pélvico, o sea la falta de coordinación de la compleja actividad muscular que permite que ocurra la defecación. Esta afección es más común entre quienes se han sometido a cirugía del recto o ano y/o han tenido partos vaginales.
Mito: no se debe usar laxantes durante mucho tiempo.
Verdad: los nuevos estudios indican que el uso prolongado de laxantes recetados por un médico puede ser seguro y eficaz para algunos tipos de estreñimiento. Los laxantes se deben tomar bajo la supervisión de un médico porque podrían producir efectos secundarios.
Mito: los laxantes y la cirugía son las únicas dos maneras de tratar el estreñimiento crónico.
Verdad: existen muchas alternativas de tratamiento y de ellas, varias dependen de las circunstancias particulares del paciente. Una alternativa son los laxantes y otras son el tratar cualquier enfermedad subyacente o ajustar aquellos medicamentos que pueden contribuir al estreñimiento. La cirugía se emplea rara vez y se la utiliza como último recurso.
En los últimos años, la rehabilitación del piso pélvico (terapia de biorretroalimentación) ha funcionado bien en mujeres que padecen estreñimiento debido a disfunción del piso pélvico. La biorretroalimentación implica el uso de sensores para detectar la contracción y relajación de los músculos que participan en la defecación. Las pacientes trabajan con un(a) terapeuta para volver a aprender a controlar y coordinar los músculos necesarios para que el intestino se mueva y ocurra la defecación.
En los casos en que el estreñimiento abarca síntomas nuevos o se vincula a sangrado, fuerte dolor abdominal o náusea, lo aconsejable es buscar atención médica oportuna.
ROCHESTER, Minnesota — Cuando el cólico constante, el dolor del abdomen, la distensión abdominal, la flatulencia, la diarrea y el estreñimiento ocasionan molestias y viajes frecuentes al baño, el siguiente paso es visitar al médico. Estos síntomas que comúnmente se deben al síndrome de colon irritable, por lo general, pueden minimizarse con cambios en la alimentación y estilo de vida de la persona.
La edición de agosto de Mayo Clinic Health Letter presenta un esbozo sobre el síndrome de colon irritable y cómo se controla esta afección crónica.
Las paredes del intestino están revestidas por capas de músculos que se contraen y relajan a ritmo coordinado mientras transportan los alimentos por el tracto intestinal hacia el recto. En el síndrome de colon irritable, las contracciones podrían ser más fuertes y tener mayor duración de lo normal, ocasionando distensión abdominal y diarrea. En ocasiones, sucede lo opuesto; es decir, los alimentos pasan lentamente y el resultado son heces secas y duras.
La causa del síndrome de colon irritable no es clara y, por ello, el tratamiento normalmente se enfoca en evitar los desencadenantes y aliviar los síntomas. Cuando la afección presenta señales y síntomas leves, es posible lidiar con ellos eficazmente controlando el estrés; pues en muchas personas, éste empeora los síntomas. Por otro lado, también vale la pena hacer algunos cambios en la alimentación. El chocolate, la leche y el alcohol podrían ser motivo de estreñimiento o de diarrea y las bebidas carbonatadas o algunas frutas y verduras podrían llevar a sentir distensión y molestia abdominal.
Cuando los síntomas son moderados o graves, el médico podría recomendar suplementos de fibra o medicamentos antidiarréicos. Algunas personas que tienen diarrea podrían beneficiarse de los anticolinérgicos que alivian el dolor de los espasmos intestinales, pero el mismo medicamento podría empeorar los síntomas en quienes sufren de estreñimiento. Los antidepresivos, por su parte, podrían ser adecuados en dosis bajas porque inhiben la actividad de las neuronas que controlan los músculos intestinales.
Lo importante es que la persona busque atención médica cuando presenta síntomas intestinales crónicos. Dado que no existen señales físicas que diagnostiquen claramente el síndrome de colon irritable, por lo general, el diagnóstico se realiza por eliminación. Los síntomas mencionados de cólicos, diarrea, estreñimiento y más problemas intestinales podrían también apuntar hacia otras afecciones más graves, tales como colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn, ciertos tipos de enfermedad inflamatoria del intestino y/o cáncer de colon.
ROCHESTER, Minnesota — Muchas personas de 65 a 85 años de edad permanecen sexualmente activas y piensan que la sexualidad es una parte importante de su vida. Sin embargo, con la edad, la sexualidad también puede constituir un reto. La edición de agosto de Mayo Clinic Health Letter examina algunos de los retos y soluciones para cultivar el deseo sexual más adelante en la vida.
Las enfermedades que afectan la salud y bienestar general de hombres y mujeres pueden interferir con la sexualidad. La diabetes, la hipertensión y el colesterol alto pueden afectar al sistema cardiovascular y durante las actividades que despiertan el deseo sexual es necesario que la sangre circule con fuerza. Por otro lado, las afecciones de las articulaciones, como la osteoartritis y la artritis reumatoide, podrían dificultar los movimientos u ocasionar dolor. Además, es común que entre las personas mayores disminuya el deseo sexual (libido).
En las mujeres, los cambios corporales que normalmente ocurren pueden alterar el deseo sexual. Por ejemplo, la disminución en los niveles de estrógeno deriva en un afinamiento de los tejidos vaginales y menos lubricación en la vagina. Estos cambios podrían reducir el deseo sexual debido al dolor o molestia que se presenta durante la estimulación sexual. Con la edad, los orgasmos normalmente suelen ser más callados.
En los hombres, los niveles de testosterona disminuyen gradualmente con el tiempo y eso significa que podrían requerir más tiempo para tener una erección o que ésta podría no ser tan firme. La disfunción eréctil es más común conforme un hombre avanza en edad.
No obstante, el deseo por intimidad emocional vence a la edad y, por ello, el enfoque sobre una relación física puede cambiar cada vez más hacia una de tipo emocional. Debido a ese cambio, las personas mayores tienden a aproximarse entre sí para satisfacer su intimidad sexual, aunque ni el deseo ni el orgasmo sean iguales que antes. Si bien no es posible retroceder el tiempo, Mayo Clinic Health Letter describe maneras de mejorar la experiencia sexual más adelante en la vida.
Comunicación: las parejas necesitan hablar abiertamente sobre cualquier problema físico, así como respecto a los cambios en la función sexual o en el placer por el sexo.
Alternativas femeninas: existen productos de venta sin receta médica que ayudan con la sequedad vaginal propia de la menopausia. Entre las alternativas están los humectantes a base de agua (Replens) o los lubricantes sin glicerina como el System Jo H20 ó el Slippery Stuff. Otra alternativa es el estrógeno vaginal que se expende bajo receta médica.
Alternativas masculinas: existe la disponibilidad de fármacos como el sildenafil (Viagra), tadalafil (Cialis) y vardenafil (Levitra) para tratar la disfunción eréctil. Sin embargo, éstos no afectan la libido.
Otros medicamentos: los antidepresivos, los fármacos opiáceos para aliviar el dolor y los medicamentos para la hipertensión podrían afectar negativamente sobre la función sexual. Un médico podría ofrecerle otras alternativas de tratamiento.
Ejercicio: hacer ejercicio regularmente puede mejorar el nivel de energía y también ayudar con el flujo sanguíneos hacia los genitales.
Consejería: un terapeuta capacitado puede ofrecerle instrucción, sugerencias e intervenciones personalizadas que puedan ayudarle a tratar sus problemas sexuales.
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Emily A. Hiatt
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