14 de Junio de 2010
ROCHESTER, Minnesota — A pesar de que con el transcurso de los años muchas dietas han alegado pertenecer a Mayo Clinic, esta institución nunca publicó oficialmente un plan de dieta, sino hasta ahora. La edición de junio de Mayo Clinic Women's HealthSource cubre los motivos para la creación de la "dieta de Mayo Clinic" y cómo ésta difiere de otras.
Mayo Clinic presentó la dieta al público a principios de año. "Contamos con la investigación y pericia clínica necesarias para crear un programa eficaz, sano, práctico, ameno y sostenible a largo plazo", explica el Dr. Donald Hensrud, jefe de redacción médica de la "dieta de Mayo Clinic".
A diferencia de muchas otras dietas, la de Mayo Clinic no conlleva un montón de reglas y menús fijos; sino que, en su lugar, es un abordaje compuesto de dos fases. La primera fase se denomina "¡Piérdalo!" y consiste en un programa inicial de dos semanas en las que se motiva a la persona a romper viejos hábitos y adquirir nuevos. Se puede anticipar una pérdida promedio de 6 a 10 libras durante la fase de "¡Piérdalo!". Algunos ejemplos de esta fase son el desayunar sano, hacer ejercicio a diario durante 30 minutos o más y no comer frente al televisor.
La segunda fase se conoce con el nombre de "¡Vívalo!" y consiste en un programa para un estilo de vida permanente. "La persona adquiere los medios necesarios para perder entre 1 y 2 libras adicionales por semana, sin recuperar el peso ni siquiera después de alcanzar su meta", comenta el Dr. Hensrud. Uno de esos medios es la "Pirámide para peso sano de Mayo Clinic", que motiva a comer grandes cantidades de alimentos nutritivos y con bajo contenido de densidad calórica, como verduras y frutas.
La dieta de Mayo Clinic no es un abordaje de talla única, sino que es personalizada y hecha a medida. "Se ofrecen los principios generales que ayudan a la gente a perder peso, sin recuperarlo", acota el Dr. Hensrud. "Creemos que la ayuda es más factible cuando la mayoría de gente logra controlar su peso y disfruta de la vida haciéndolo".
ROCHESTER, Minnesota — La anemia no es parte normal del envejecimiento, pero es muy común entre las personas mayores, provocándoles fragilidad, debilidad y mayor riesgo de sufrir caídas. La edición de Mayo Clinic Women's HealthSource señala que más de 1 de cada 10 adultos padece anemia. El 20 por ciento de mujeres padece de anemia para la edad de 85 años.
La edición de junio de esta publicación presenta una revisión sobre la anemia, sus síntomas, causas, pruebas de diagnóstico y alternativas de tratamiento.
La anemia se presenta cuando la cantidad de glóbulos sanguíneos rojos desciende por debajo de lo normal o éstos no contienen suficiente hemoglobina, que es la proteína rica en hierro que da el color rojo a la sangre. Los síntomas típicos de anemia son piel pálida, cansancio y falta de aire o debilidad. En las personas mayores, los primeros síntomas podrían ser la aparición de desmayos, dolor del pecho o confusión. Debido a que muchos tejidos y órganos pueden encontrarse afectados, también es posible presentar otros síntomas, tales como mareo, manos y pies fríos, dolor de cabeza y taquicardia. A continuación se mencionan los puntos principales del informe:
La causa más común es una deficiencia de hierro que produce la llamada anemia por deficiencia de hierro, que es consecuencia de pérdida de sangre y el tipo más común de anemia. Un sangrado crónico en pequeñas cantidades durante un período prolongado merma el hierro del organismo. En las personas mayores, la pérdida de sangre normalmente se origina en una enfermedad intestinal, como úlcera, pólipos en el colon, diverticulitis o cáncer. El sangrado también puede derivar del consumo de aspirina y antiinflamatorios no esteroides, como el ibuprofeno.
Entre otras causas están la vitamina B-12 y el folato, necesarios para la producción de glóbulos sanguíneos sanos. La anemia se produce cuando faltan esos nutrientes en la alimentación o el cuerpo no lograr absorber vitamina B-12 de los alimentos. Algunas enfermedades prolongadas también pueden ocasionar anemia, por ejemplo, la artritis reumatoide, VIH y/o SIDA, cáncer, cirrosis y otros tipos de enfermedades hepáticas.
El tratamiento de la anemia, que no es una enfermedad sino más bien la señal de un problema subyacente, debe corresponder a la causa. Quienes padecen de anemia por deficiencia de hierro podrían beneficiarse ingiriendo alimentos con alto contenido de hierro. Entre algunos ejemplos de estos alimentos están los cereales y panes fortificados, las carnes rojas, las arvejas o chícharos, las lentejas, los huevos, la espinaca y otras verduras con hojas color verde oscuro, los frutos secos (pasas, albaricoques y melocotones), el tofu, el pollo y el cerdo. Los suplementos también pueden ayudar, siempre y cuando el médico los recomiende. Un caso grave de anemia podría requerir transfusiones, medicamentos para evitar que el sistema inmune del organismo destruya sus propios glóbulos rojos o una versión sintética de la hormona eritropoyetina para estimular a la médula ósea a fabricar más glóbulos rojos.
La anemia, aunque sea leve, puede disminuir el nivel de energía y la calidad de vida de la persona. Si usted sospecha que padece de anemia, consulte con el médico para que le realicen una biometría hemática completa. Cualquier aumento en los recuentos sanguíneos, aunque tan sólo sea pequeño, puede mejorar el nivel de energía de la persona y permitirle continuar con una vida activa.
ROCHESTER, Minnesota — La mejor manera de describir con una sola palabra a la esclerosis múltiple es llamarla "impredecible", dice la edición de junio de Mayo Clinic Women's HealthSource. La esclerosis múltiple (EM) interfiere la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo, pero la forma en que dicha interferencia provoca síntomas es diferente en cada persona y, por ello, es impredecible.
En los pacientes con EM, el sistema inmune ataca la cobertura (vaina de mielina) que rodea los nervios del cerebro y médula espinal. Dichos ataques conducen a inflamación y lesiones de la vaina de mielina, lo que puede derivar en la existencia de varias áreas de cicatrización (esclerosis). En última instancia, la cicatrización podría detener o bloquear las señales nerviosas que controlan la visión, coordinación muscular, fuerza y sensación.
La intensidad y duración de los síntomas de la EM varían y se presentan en diferentes combinaciones. Algunas personas presentan ataques o brotes seguidos por remisión, mientras que otros tienen síntomas que empeoran gradualmente. Por lo general, los síntomas aparecen por primera vez entre los 20 y 50 años. Las mujeres tienen el doble de probabilidades de desarrollar EM que los hombres.
Los síntomas más comunes son sensaciones anormales, por ejemplo, entumecimiento, hormigueo y dolor como piquetes en la parte inferior del cuerpo o en un lado de éste. Mucha gente con EM también presenta debilidad muscular en una o más extremidades, así como problemas de coordinación y equilibrio. Los síntomas podrían ser lo suficientemente graves como para alterar la marcha o el permanecer de pie. Entre otros síntomas pueden estar: rigidez muscular y espasmos, cansancio, visión borrosa o doble, dificultad para concentrarse, depresión y pérdida del control sobre la vejiga e intestino.
No se conoce exactamente cuáles son los desencadenantes de la EM. A pesar de que no exista cura para la esclerosis múltiple, varias terapias pueden tratar los síntomas y/o reducir la duración o gravedad de los brotes. Otros tratamientos, algunos de los cuales todavía se encuentran bajo estudio, podrían detener el curso de la enfermedad. Entre las alternativas de tratamiento están las siguientes:
Los corticosteroides, que son antiinflamatorios capaces de acortar o menguar la gravedad de los ataques agudos.
Las interferonas, entre las cuales están el Betaseron, Avonex y Rebif, que por lo general son copias diseñadas genéticamente de proteínas antivirales que suelen encontrarse naturalmente en el organismo. Se ha demostrado que éstas disminuyen la cantidad de ataques y podrían reducir la destrucción de la mielina, lo que posiblemente haría más lento el avance de la EM.
Acetato de glatiramer (Copaxone), que es una alternativa a las interferonas y se cree ayuda a restringir los ataques de EM al obstaculizar la embestida del sistema inmune sobre la mielina.
Natalizumab (Tysabri), que es un fármaco capaz de disminuir la frecuencia de los ataques de EM al restringir la capacidad de movilización de las células inmunes desde el torrente sanguíneo hacia el cerebro. Sin embargo, este medicamento puede aumentar el riesgo de una infección cerebral grave.
Mitoxantrona (Novantrone), que es un inmunosupresor sobre el cual los ensayos clínicos revelaron que podría hacer más lento el avance de la EM. Este fármaco quizás no surtiría efecto, a menos que hubiese evidencia de inflamación activa. Por otro lado, se lo ha vinculado a efectos secundarios graves, como problemas del corazón y leucemia.
Medicamentos para tratar síntomas específicos, que pueden aliviar los síntomas de rigidez muscular, cansancio, depresión e incontinencia. Hace poco, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos autorizó el fármaco dalfampridina (Ampyra) como tratamiento para mejorar la marcha en adultos con esclerosis múltiple.
Aparte de los medicamentos, a los pacientes que sufren de esclerosis múltiple podría beneficiarles recibir asesoramiento y fisioterapia, así como realizar modificaciones en su estilo de vida para controlar mejor los síntomas.
Mayo Clinic Women's HealthSource se publica mensualmente para ayudar a la mujer a disfrutar de una vida más sana y productiva. Los réditos de las suscripciones sirven para financiar investigaciones médicas en Mayo Clinic. Para suscribirse, por favor llame al 800-876-8633, extensión 9751 (llamada gratuita) o visite www.bookstore.mayoclinic.com.
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