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Los puntos más destacados de la edición de octubre de Mayo Clinic Health Letter
10 de Octubre de 2009
Sobrecarga de hierro: tratamiento directo para un trastorno genético común
ROCHESTER, Minnesota — El absorber y almacenar demasiado hierro puede provocar una gama de problemas médicos, tales como dolor en las articulaciones, cansancio, debilidad y pérdida del interés sexual, para empezar. Esta afección, llamada hemocromatosis, es el trastorno genético más común en Estados Unidos y ocurre con mayor frecuencia entre los descendientes de europeos del norte.
La edición de octubre de Mayo Clinic Health Letter ofrece una visión general sobre la hemocromatosis, incluso las causas genéticas, los sutiles síntomas iniciales, los posibles riesgos para la salud y el tratamiento.
Cuando una persona padece de hemocromatosis, su organismo absorbe y almacena demasiado hierro proveniente de la alimentación normal. Con el transcurso de las décadas, los niveles de hierro pueden acumularse en varios órganos y frecuentemente en el corazón e hígado. Sin tratamiento, los niveles de hierro se acumulan hasta 20 veces por encima de lo que una persona sana tendría. El resultado es una cicatrización irreversible en el hígado (cirrosis), cáncer de hígado, diabetes, insuficiencia cardíaca, problemas del ritmo cardíaco, artritis, impotencia y oscurecimiento de la piel.
Con exámenes rutinarios de sangre y pruebas genéticas de seguimiento, es posible diagnosticar a casi el 75 por ciento de personas con hemocromatosis antes de que los síntomas empiecen. Generalmente, se puede lograr que los niveles de hierro vuelvan a la normalidad, sin que existan problemas médicos duraderos.
El tratamiento más común es algo tan directo como lo es el proceso de donar sangre. Cada una o dos semanas se extrae alrededor de una pinta de sangre del paciente, hasta que los marcadores sanguíneos del hierro lleguen a niveles normales. Una vez que se alcanza esa normalidad, que puede demorar semanas a un año o más, se extrae sangre del paciente entre dos y cuatro veces al año.
Cuando los niveles de hierro vuelven a la normalidad, se observa una marcada mejoría en los pacientes en cuanto a debilidad, cansancio, oscurecimiento de la piel, así como posiblemente incluso en enfermedades iniciales del hígado y corazón. No obstante, cuando se presenta cirrosis, el daño al hígado podría ser permanente e igualmente persistiría un riesgo mayor de presentar cáncer de hígado vinculado a la cirrosis.
Radiación: el posible riesgo de los procedimientos médicos es pequeño
ROCHESTER, Minnesota — No hay razón para renunciar a un procedimiento médico fundamentado en radiación por temor al riesgo de cáncer, indica la edición de octubre de Mayo Clinic Health Letter. El volumen de los exámenes y procedimientos que se fundamentan en la radiación ha aumentado en los últimos 30 años, sin que los científicos hayan comprobado que las dosis bajas de radiación utilizadas dentro del contexto médico realmente aumenten el riesgo de cáncer.
Todo el mundo se expone a radiación, ya sea del sol, de rocas o de minerales. La radiación se encuentra presente, de forma natural, en el aire, el agua, la comida y el cuerpo humano. Se calcula que la exposición anual promedio a la radiación natural es de alrededor de 3 milisieverts (mSv).
Hasta principios de los años 80, a los pacientes se les exponía a una cantidad minúscula de radiación mediante radiografías simples, como por ejemplo, la mamografía (0,4 mSv), la radiografía de tórax (dos placas 0,1 mSv) y las radiografías dentales (0,005 mSv).
Desde entonces, se calcula que la cantidad total de radiación de los exámenes y procedimientos médicos realizados en Estados Unidos ha aumentado casi seis veces. Piense en que la exploración por tomografía computarizada del corazón (angiografía por TC) conlleva entre 5 y 15 mSv. La angioplastia, otro procedimiento para abrir arterias taponadas, emplea entre 7 y 57 mSv, dependiendo de la complejidad del procedimiento. La colonoscopia virtual utiliza 5 mSv.
Los científicos aún no han determinado cuál es el nivel exacto de radiación en el que empieza a aumentar significativamente el riesgo de cáncer. Existe algo de evidencia respecto a que por debajo de 100 mSv, no aumenta el riesgo o que el riesgo mayor es tan pequeño que no se lo puede calcular adecuadamente.
Las organizaciones para seguridad en la radiación sostienen que el riesgo aumenta siempre que lo hace la dosis. De ser eso cierto, hasta las dosis más pequeñas de radiación causarían cáncer, pese a que el riesgo fuese sumamente bajo.
Piense en que una exploración por tomografía computarizada del abdomen o pelvis expone al paciente a una radiación calculada en 10 mSv, lo que durante toda la vida de esa persona aumentaría el riesgo de morir por cáncer en 0,05 por ciento. Dicho aumento se sumaría a la posibilidad de 21 por ciento que tiene una persona a lo largo de su vida de morir por cáncer o causas naturales, cambiando así el riesgo de fallecer por cáncer de 21 por ciento a 21,05 por ciento.
Para poner el porcentaje de riesgo de 0,05 en perspectiva, lo compararemos con otras estadísticas de riesgo durante el transcurso de la vida de una persona: morir por ahogamiento (0,09 por ciento), por un accidente como pedestre (0,16 por ciento), por un accidente en la bicicleta (0,02 por ciento). Si, en realidad, el riesgo de cáncer durante toda la vida de una persona aumenta ligeramente debido a los exámenes y procedimientos médicos fundamentados en la radiación, dicho riesgo debe compararse a la ventaja derivada de esos exámenes y/o procedimientos.
Yoga y Tai-Chi: vías hacia una mejor salud
ROCHESTER, Minnesota — La retribución de invertir 20 minutos todas las mañanas es menos estrés, una sensación de calma y paz, mayor fuerza y flexibilidad, mejor sistema inmune y menos presión sanguínea.
No, no es demasiado bueno para ser verdad. La inversión consiste en practicar yoga o tai-chi, que han sido desarrollados y revisados durante varios siglos. La edición de octubre de Mayo Clinic Health Letter incluye un informe especial a fondo sobre el yoga y el tai-chi, que cubre temas como beneficios para la salud, diferencias entre ellos, sugerencias sobre posturas y poses de aprendizaje, estiramientos simples, cómo mejorar la energía a través de la respiración y recursos para aprender más.
Una ventaja importante del yoga y del tai-chi es que combinan, dentro de abordajes unificados, elementos claves del ejercicio: aeróbicos, fortalecimiento muscular, estabilidad central, flexibilidad y equilibrio. En tan sólo un día, pueden observarse algunas ventajas, especialmente en cuanto a menos estrés. La gente informa que duerme mejor y que la salud de su sistema digestivo mejora en los primeros días. Gozar de un tracto digestivo más sano puede representar mejor funcionamiento intestinal y menos estreñimiento. Practicar regularmente el yoga o el tai-chi podría servir para revertir algunos efectos del envejecimiento, tales como aquellos movimientos limitados y poco amplios.
Después de 10 a 12 semanas de sesiones regulares, quienes practican yoga y tai-chi generalmente observan ventajas para su salud en otras áreas. Por ejemplo, un estudio sobre yoga y gente que sufría de migrañas descubrió que las personas que lo practicaban sufrían dolores de cabeza menos frecuentes e intensos que quienes tomaban medicamentos.
Además, aquellos que practicaban yoga observaron que su ansiedad y depresión mejoraban. El yoga y el tai-chi pueden también mejorar la densidad ósea y la salud cardiovascular, así como disminuir la presión sanguínea.
La mejor manera de aprender yoga o tai-chi es tomando una clase o trabajando con un instructor calificado. Las clases, que enseñan sobre el arte de la respiración, meditación y posturas, se ofrecen en muchos gimnasios y centros para ancianos, así como en educación comunitaria.
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