3 de diciembre de 2007
ORLANDO, Florida: Cuando los adultos jóvenes, sanos y delgados ganan cerca de 9 libras, el funcionamiento del revestimiento de sus vasos sanguíneos se altera, pero al perder el peso se recupera la debida funcionalidad, indica una investigación de Mayo Clinic. El hallazgo es importante debido a que este trastorno vascular, conocido como disfunción endotelial, es un vaticinador para ataque cardíaco y accidente cerebrovascular, además de que se desconocían los efectos de una módica ganancia de peso sobre este trastorno.
El equipo de Mayo Clinic presentó los hallazgos durante las Sesiones Científicas 2007 de las Asociación Americana del Corazón.
Importancia del estudio de Mayo Clinic
El estudio es el primer ensayo aleatorio, ciego y controlado que se realiza para evaluar los efectos de la ganancia de peso, con la subsiguiente pérdida del mismo, sobre la función endotelial. Los vasos sanguíneos están revestidos de células endoteliales, que al funcionar mal, impiden el flujo sanguíneo, predisponiendo potencialmente a la persona a un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular. Determinar la manera en que afecta una ganancia módica de peso fue importante debido a la creciente cantidad de adultos con exceso de peso en todo el mundo.
"Los efectos de la obesidad sobre la salud cardíaca reciben mucha atención, aunque no se ha escudriñado igual el impacto sobre el endotelio de una ganancia módica de peso en gente que, por lo demás, es sana", señala el Dr. Virend Somers, cardiólogo de Mayo Clinic y autor experto. "En realidad, muchos adultos aceptan este tipo de ganancia de peso, de 9 ó 10 libras, como parte del proceso de envejecimiento. Generalmente se ha creído que un aumento módico en la grasa corporal se trataba más bien de un problema de subir una talla en la ropa y no de un asunto de salud. Este estudio sugiere lo contrario, y brinda pruebas que podrían ayudar a cambiar la actitud respecto a las implicaciones de ganar módicamente de peso con el envejecimiento, y talvez fortalecer el argumento de la dieta y de hacer ejercicio para controlar el peso como un medio de protegerse contra enfermedades cardiovasculares".
El primer autor del estudio, Dr. Abel Romero Corral, de Mayo Clinic, comenta que "La moraleja de esto se divide en tres partes: la primera es que en gente sana, una ganancia módica de peso deriva en una alteración de la función endotelial, incluso ante la ausencia de cambios en la presión sanguínea; la segunda es alentadora, en el sentido de que se recupera la función endotelial después de perder peso; y, la tercera es que la grasa visceral, o sea la grasa abdominal que circunda los órganos internos, es la que predice la disfunción endotelial más que la grasa depositada como grasa subcutánea o justo debajo de la piel".
El estudio
Los investigadores reclutaron 43 voluntarios sanos y delgados entre la comunidad, cada uno con un índice de masa corporal (medida estadística de la relación entre peso y estatura) entre 18,5 y 24,9 kilogramos de peso sobre metros cuadrados (mē) de estatura. La edad promedio era de 29 años, y 42 por ciento eran mujeres. Ninguno tomaba medicamentos ni fumaba. Después de un período de mantenimiento del peso, supervisado por un dietista experimentado, se asignó de manera aleatoria a los voluntarios al grupo para ganar peso (4 kilogramos o Kg. que equivale a casi 9 libras) o al de mantener el peso. El grupo de los "gana grasa" estuvo conformado por 35 personas. El grupo de los "mantén el peso" contó con un total de 8.
Los investigadores se valieron del ultrasonido para medir la función endotelial en el gran vaso de la parte superior del brazo, llamado arteria branquial, bajo varias condiciones de flujo, siempre a la misma hora temprano por la mañana. Un flujo bajo indicaba disfunción vascular. En el grupo de los "gana grasa", la función vascular se midió al inicio del estudio, después de la ganancia de peso a las ocho semanas y luego de perder peso a las 16 semanas. En los "mantén el peso", se midió la función endotelial al inicio del estudio y en el seguimiento a las ocho semanas. Para medir el porcentaje de grasa corporal, los investigadores utilizaron avanzadas técnicas de análisis de la composición corporal, entre ellas, exploraciones abdominales por tomografía computarizada.
Resultados:
Al finalizar el estudio:
El grupo que ganó grasa subió un promedio de 4 kilos de grasa y aumentó significativamente la cantidad de grasa visceral y subcutánea.
En el grupo para mantenimiento del peso, ninguno de los dos tipos de medidas del flujo de la arteria branquial tomadas en la parte superior del brazo para evaluar la disfunción endotelial presentó cambios.
Entre los que ganaron grasa, las medidas del flujo de la arteria branquial disminuyeron con la subida de peso. Sin embargo, una vez que los sujetos perdieron el peso ganado, sus niveles de flujo sanguíneo mejoraron y retornaron a las medidas del principio del estudio.
La ganancia de grasa visceral, no de grasa subcutánea, se correlacionó significativamente con una disminución en las condiciones del flujo en la arteria branquial.
Colaboración y apoyo
Entre otros miembros del equipo de investigación de Mayo Clinic están: el Dr. Justo Sierra Johnson, el Dr. Marek Orban, el Dr. Apoor Gami, Fatima Sert Kuniyoshi, la Dra. Snigdha Pusalavidyasagar, Diane Davison, Christine Huyber, Susanne Votruba y el Dr. Michael Jensen. Este estudio se financió gracias a un subsidio de los Institutos Nacionales de Salud.
Mayo Clinic, a través de un enfoque dedicado a las necesidades individuales de los pacientes, proporciona servicios de diagnóstico y tratamiento en cada sub-especialidad en sus instalaciones de Rochester en Minnesota, Jacksonville en Florida, Phoenix y Scottsdale en Arizona.
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