Lorena Vargas

Círculo de cordialidad

Lorena Vargas todavía usa las pulseras de la amistad que llevaba en la primera de dos cirugías cerebrales, practicada cuando tenía 35 años. La tela atada a su muñeca le trae buenos recuerdos. Ese positivismo se reforzó cuando una enfermera del quirófano en el hospital de Mayo Clinic en Phoenix, Arizona, le permitió quedarse con ellas.

Pese a la norma general de no usar joyas en el quirófano, "esta enfermera me dijo que las dejaría en mi brazo", recuerda Lorena. "Otra enfermera vio que mis labios estaban secos y me aplicó lápiz labial. Nunca olvidaré esa calidez humana"

En una operación de 8 horas en octubre de 2005, un equipo de neurocirujanos de Mayo Clinic, dirigidos por el Dr. Richard Zimmerman, extirpó tres meningiomas (tumores benignos) que presionaban el cerebro de Lorena. Al equipo neuroquirúrgico del Dr. Zimmerman se unieron: el anestesiólogo, Dr. Daniel Coke; la patóloga, Dra. Martha Zarka; los neurólogos doctores Kent Nelson y Geoffrey Fletcher; y la asistente médica, Susan Lemens. Se dejó un cuarto tumor, bastante pequeño, en otra zona del cerebro, pero bajo control médico. La cirugía inicial se realizó en lunes, y el sábado Lorena salía del hospital. Permaneció en Arizona otras dos semanas, mientras se recuperaba antes de regresar a la Ciudad de México. En mayo de 2007 se extirpó aquel tumor más pequeño, luego de que una IRM en Mayo Clinic mostrara un poco de crecimiento. Lorena recibió el alta dos días después y actualmente lleva una vida normal sin medicamentos ni otros tratamientos.

Sentirse perdida

Año y medio antes de la cirugía, Lorena presentó episodios breves de confusión y dificultad para hablar. Lo primero que revisaron los médicos locales fue el nivel de azúcar en la sangre, pero los resultados fueron inciertos. El 30 de septiembre de 2005, después de recoger a los niños de la escuela, "se le durmió el brazo" y se sintió perdida, "conciente pero incapaz de hablar". La IRM urgente reveló tumores cerebrales.

A través de la oficina de Mayo Clinic en la Ciudad de México, Lorena obtuvo una cita en cuestión de días. Era necesaria una operación, pero tenía sus riesgos: pérdida del movimiento o de la vista en el lado derecho. Después de una operación de 8 horas, la recuperación fue tan buena que la fisioterapia sólo se hizo por precaución. "¡Fue un milagro!", dice.

Ahora, Lorena cuida de sus hijos de 7 y 9 años, además de jugar pádel dos o tres veces por semana.

El Dr. Zimmerman explica que los tumores se ubicaban en las regiones frontal y parieto-occipital del encéfalo. La región frontal controla el movimiento, y cerca de la región parieto-occipital están los nervios encargados de las vías visuales: de ahí, los riesgos. "El tumor mayor tenía un diámetro de 4 cm y era benigno", explica el Dr. Zimmerman. Se lo envió a Mayo Clinic de Rochester, Minnesota, para que los patólogos especializados en tumores cerebrales lo examinaran y comprobaran que era benigno.

Aunque los tumores eran benignos, la presión que ocasionaban sobre el cerebro podía, al final, derivar en convulsiones y problemas para caminar, indica el médico. Ahora, el control se realiza con IRM de rutina.

Encontrar fortaleza

"A veces, se debe topar fondo para luego empezar a apreciar la vida de manera diferente", dice Lorena. "Todavía pienso ¿cómo lo hice, cómo tuve la fuerza?"

Atribuye su pronta recuperación a la cordialidad y calidad de la atención recibida en Mayo Clinic. Recuerda las minuciosas explicaciones del doctor Zimmerman y el cuidado que recibió de los anestesiólogos y enfermeras en el quirófano.

"Voy a todas partes con las pulseras que usé en la cirugía".

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