El asma es una afección en la que se estrechan y se hinchan las vías respiratorias, lo cual produce mayor mucosidad. Esto podría dificultar la respiración y provocar tos, silbido al respirar y dificultad para respirar.

Para algunas personas, el asma es una molestia menor. Para otras puede ser un problema considerable que interfiere en las actividades cotidianas y que puede producir ataques de asma que pongan en riesgo la vida.

El asma no tiene cura, pero sus síntomas pueden controlarse. Debido a que el asma cambia con el paso del tiempo, es importante que colabores con el médico para controlar tus signos y síntomas y para ajustar el tratamiento según sea necesario.

Los síntomas del asma varían según la persona. Es posible que tengas ataques de asma con poca frecuencia, síntomas solamente en ciertos momentos, como cuando haces ejercicio, o síntomas en todo momento.

Los signos y síntomas del asma comprenden:

  • Dificultad para respirar
  • Presión o dolor en el pecho
  • Problemas para dormir causados por dificultad para respirar, tos o silbido al respirar
  • Un pitido o silbido al respirar que puede oírse al exhalar (el silbido al respirar es un signo frecuente de asma en los niños)
  • Tos o silbido al respirar que empeora con un virus respiratorio, como un resfrío o influenza

Los signos que indican que probablemente el asma esté empeorando comprenden:

  • Signos y síntomas del asma que son más frecuentes y molestos
  • Aumento de la dificultad para respirar (se calcula con un medidor de flujo máximo, el cual es un dispositivo que se utiliza para verificar el funcionamiento de los pulmones)
  • Necesidad de usar un inhalador de alivio rápido con mayor frecuencia

Para algunas personas, los signos y síntomas del asma se exacerban en ciertas situaciones:

  • Asma provocada por el ejercicio, que puede empeorar con el aire frío y seco
  • Asma ocupacional, desencadenada por irritantes en el lugar de trabajo, como vapores químicos, gases o polvo
  • Asma alérgica, desencadenada por sustancias que se encuentran en el aire, como el polen, las esporas de moho, los residuos de cucarachas o las partículas de la piel y la saliva seca que pierden las mascotas (caspa de las mascotas)

Cuándo consultar con el médico

Busca tratamiento de urgencia

Los ataques de asma graves pueden poner en riesgo la vida. Colabora con el médico para determinar qué hacer cuando los signos y síntomas empeoran, y cuándo necesitarás tratamiento de urgencia. Los signos de urgencia por asma comprenden:

  • Rápido empeoramiento de la dificultad para respirar o del silbido al respirar
  • Falta de mejora, incluso después de usar inhalador de alivio rápido, como salbutamol
  • Dificultad para respirar cuando haces la mínima actividad física

Consulta con el médico

Ve a ver al médico:

  • Si crees que tienes asma. Si tienes tos o silbido al respirar frecuente que dura más de algunos días o si tienes cualquier otro signo o síntoma de asma, ve a ver al médico. Tratar el asma antes de tiempo puede prevenir daño pulmonar a largo plazo y ayudar a evitar que la afección empeore con el paso del tiempo.
  • Para controlar el asma después del diagnóstico. Si sabes que tienes asma, colabora con tu médico para controlarla. Un buen control a largo plazo ayuda a que te sientas mejor en el día a día y puede prevenir ataques de asma que ponen en riesgo la vida.
  • Si empeoran los síntomas del asma. Comunícate con el médico de inmediato si te parece que los medicamentos no están aliviando los síntomas o si necesitas usar el inhalador de alivio rápido con mayor frecuencia. No intentes resolver el problema tomando más medicamentos sin antes consultar con el médico. El abuso de los medicamentos para el asma puede producir efectos secundarios y empeorar el asma.
  • Para revisar tu tratamiento. Con frecuencia, el asma cambia con el paso del tiempo. Reúnete con el médico regularmente para hablar sobre tus síntomas y hacer cualquier ajuste necesario al tratamiento.

No está claro por qué algunas personas contraen asma y otras no; sin embargo, es probable que se deba a una combinación de factores ambientales y genéticos (hereditarios).

Desencadenantes del asma

La exposición a varios irritantes y a sustancias que desencadenan alergias (alérgenos) puede provocar signos y síntomas de asma. Los desencadenantes del asma varían de una persona a otra y pueden comprender:

  • Sustancias que se encuentran en el aire, como polen, ácaros del polvo, esporas de moho, caspa de mascotas o partículas de residuos de cucarachas
  • Infecciones respiratorias, como un resfriado común
  • Actividad física (asma provocada por el ejercicio)
  • Aire frío
  • Contaminantes del aire e irritantes, como el humo
  • Ciertos medicamentos, como betabloqueantes, aspirina, ibuprofeno (Advil, Motrin IB u otros) y naproxeno (Aleve)
  • Emociones fuertes y estrés
  • Sulfitos y conservantes añadidos a algunos tipos de alimentos y bebidas, entre ellos, camarones, frutas deshidratadas, papas procesadas, cerveza y vino
  • Enfermedad por reflujo gastroesofágico, un trastorno en el que los ácidos estomacales se acumulan en la garganta

Se cree que varios factores aumentan las probabilidades de padecer asma. Algunos de ellos son:

  • Tener un pariente consanguíneo (como padre o hermano) con asma
  • Tener una afección alérgica, como dermatitis atópica o rinitis alérgica (fiebre del heno)
  • Tener sobrepeso
  • Ser fumador
  • Exposición al tabaquismo pasivo
  • Exposición a gases de escape o a otros tipos de contaminación
  • Exposición a desencadenantes en el ámbito laboral, como los productos químicos utilizados en las industrias de la agricultura, la peluquería y la fabricación

Las complicaciones del asma son:

  • Signos y síntomas que interfieren en el sueño, el trabajo o las actividades recreativas
  • Días de ausencia al trabajo o a la escuela por enfermedad durante los ataques de asma
  • Estrechamiento permanente de los tubos bronquiales (remodelación de las vías respiratorias) que afecta la forma en que puedes respirar
  • Visitas a la sala de urgencias y hospitalizaciones por ataques intensos de asma
  • Efectos secundarios del consumo a largo plazo de algunos medicamentos que se utilizan para estabilizar el asma grave

Un tratamiento adecuado marca una gran diferencia a la hora de prevenir complicaciones a corto y a largo plazo producidas por el asma.

Es probable que comiences por ver a tu médico de cabecera o a un médico clínico. Sin embargo, cuando llames para programar una consulta, es posible que te deriven un alergólogo o a un neumólogo.

Como las consultas pueden ser breves y suele haber mucho por hablar, es aconsejable ir bien preparado. La siguiente información te ayudará a prepararte para la consulta y a saber qué esperar del médico.

Qué puedes hacer

Estas medidas pueden ayudarte a aprovechar al máximo tu consulta:

  • Anota cualquier síntoma que tengas, incluso los que parezcan no tener relación con el motivo por el cual programaste la consulta.
  • Anota en qué momento los síntomas se tornan más insoportables; por ejemplo, si tienden a empeorar en ciertas horas del día, durante ciertas temporadas o cuando estás expuesto a aire frío, al polen o a otros desencadenantes.
  • Anota tu información personal más importante, incluso lo que te genere mayor estrés o cualquier cambio reciente en tu vida.
  • Haz una lista de todos los medicamentos, las vitaminas y los suplementos que estés tomando.
  • Si es posible, pídele a un familiar o a un amigo que te acompañe. A veces puede ser difícil recordar toda la información que te brindan en una consulta. La persona que te acompañe puede recordar algún detalle que hayas pasado por alto u olvidado.
  • Escribe preguntas para hacerle al médico.

Tu tiempo con el médico es limitado; por eso, preparar una lista de preguntas te ayudará a aprovechar ese tiempo al máximo. Ordena las preguntas de la más importante a la menos importante, por si se acaba el tiempo. Para el asma, algunas de las preguntas básicas para hacerle al médico son:

  • ¿Es el asma la causa más probable de mis problemas respiratorios?
  • Además de la causa más probable, ¿cuáles serían otras causas posibles de mis síntomas?
  • ¿Qué tipo de pruebas necesito hacerme?
  • ¿Esta enfermedad suele ser temporal o crónica?
  • ¿Cuál es el mejor tratamiento?
  • ¿Cuáles son las alternativas al enfoque principal que sugieres?
  • Tengo otros problemas de salud. ¿Cuál es la mejor manera de controlarlos de manera conjunta?
  • ¿Debo respetar alguna restricción?
  • ¿Debería consultar a un especialista?
  • ¿Existe alguna alternativa genérica al medicamento que me recetas?
  • ¿Hay algún folleto u otro material impreso que pueda llevarme? ¿Qué sitios web recomiendas visitar?

Además de las preguntas que hayas preparado, no dudes en hacerle al médico más preguntas durante la consulta.

Qué esperar del médico

Es probable que el médico te haga una serie de preguntas. Estar preparado para responderlas puede ahorrarte tiempo para consultar sobre cualquier tema al que quieras dedicarle más tiempo. El médico puede preguntarte:

  • ¿Cuáles son tus síntomas exactamente?
  • ¿Cuándo notaste los síntomas por primera vez?
  • ¿Cuán intensos son los síntomas?
  • ¿Tienes problemas para respirar la mayor parte del tiempo o solo en ciertos momentos o situaciones?
  • ¿Tienes alergias, como dermatitis atópica o rinitis alérgica (fiebre del heno)?
  • ¿Existe algo que, al parecer, esté empeorando los síntomas?
  • ¿Existe algo que, al parecer, esté mejorando los síntomas?
  • ¿Existen problemas de alergia o asma en tu familia?
  • ¿Tienes algún problema de salud crónico?

Exploración física

Para descartar otras posibles afecciones, como infección respiratoria o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el médico realizará una exploración física y hará preguntas sobre los signos y los síntomas y sobre cualquier otro problema de salud.

Pruebas para medir la función pulmonar

También es posible que te sometas a pruebas de función pulmonar para determinar la cantidad de aire que inhalas y exhalas. Algunas de estas pruebas son:

  • Espirometría. Esta prueba ofrece estimaciones sobre el estrechamiento de los tubos bronquiales al verificar la cantidad de aire que puedes exhalar después de una inhalación profunda, así como la rapidez con la que puedes exhalar.
  • Flujo máximo. Un medidor de flujo máximo es un dispositivo simple que mide la fuerza con la que puedes exhalar. Los valores de flujo máximo inferiores a los habituales son un signo de un posible mal funcionamiento de los pulmones y de que el asma podría estar empeorando. El médico te dará instrucciones específicas sobre cómo rastrear y abordar los valores bajos de flujo máximo.

Las pruebas de función pulmonar, generalmente, se realizan antes y después de tomar un medicamento llamado «broncodilatador», como salbutamol, para abrir las vías respiratorias. Si la función pulmonar mejora con el broncodilatador, es probable que tengas asma.

Pruebas adicionales

Otras pruebas para diagnosticar el asma son:

  • Prueba de provocación con metacolina. La metacolina es un conocido desencadenante del asma que cuando se inhala, produce un estrechamiento leve de las vías respiratorias. Si tienes reacción a la metacolina, es probable que tengas asma. Esta prueba puede utilizarse incluso si la prueba de función pulmonar inicial arrojó resultados normales.
  • Análisis de óxido nítrico. Esta prueba, aunque no esté ampliamente disponible, mide la cantidad de gas, óxido nítrico, que tienes en la respiración. Cuando se inflaman las vías respiratorias (un signo de asma), es posible que tengas niveles de óxido nítrico superiores a los normales.
  • Pruebas de diagnóstico por imágenes. Una radiografía de tórax y una exploración por tomografía computarizada de alta resolución de pulmones y cavidades nasales (senos paranasales) pueden identificar cualquier anomalía estructural o enfermedad (como una infección) que puedan causar o agravar los problemas para respirar.
  • Pruebas de alergia. Se puede realizar mediante una prueba cutánea o análisis de sangre. Las pruebas de alergia pueden identificar la alergia a las mascotas, al polvo, al moho y al polen. Si se identifican desencadenantes importantes de alergia, es posible que se recomiende inmunoterapia con alérgenos.
  • Eosinófilos en esputo. Esta prueba busca la presencia de glóbulos blancos (eosinófilos) en la mezcla de saliva y moco (esputo) que se elimina durante la tos. Los eosinófilos están presentes cuando se manifiestan los síntomas y se tornan visibles cuando se tiñen con un tinte de color rosa (eosina).
  • Análisis de provocación para el asma inducida por el frío y los ejercicios. En estas pruebas, el médico mide la obstrucción de las vías respiratorias, y luego la persona debe realizar una actividad física intensa o inhalar aire frío varias veces.

Cómo se clasifica el asma

Para clasificar la gravedad del asma, el médico tiene en cuenta las respuestas a las preguntas sobre los síntomas (como la frecuencia e intensidad de los ataques de asma), junto con los resultados de la exploración física y de las pruebas de diagnóstico.

Determinar la gravedad del asma ayuda al médico a elegir el mejor tratamiento. La gravedad del asma se modifica con el paso del tiempo, lo cual requiere que se hagan ajustes al tratamiento.

El asma se clasifica en cuatro categorías generales:

Clasificación del asma Signos y síntomas
Intermitente y leve Síntomas leves que se manifiestan hasta dos veces por semana y hasta dos noches por mes
Persistente y leve Síntomas que se manifiestan más de dos veces por semana, pero no más de una vez por día
Persistente y moderada Síntomas que se manifiestan una vez por día y más de una noche por semana
Persistente e intensa Síntomas que se manifiestan durante todo el día, todos los días y que son frecuentes por la noche

La prevención y el control a largo plazo son la clave para detener los ataques de asma antes de que se manifiesten. El tratamiento, generalmente, implica aprender a reconocer los desencadenantes, tomar medidas para evitarlos y controlar la respiración para garantizar que los medicamentos diarios para el asma mantengan los síntomas bajo control. En caso de un ataque de asma, es posible que necesites usar un inhalador de alivio rápido, como salbutamol.

Medicamentos

Los medicamentos adecuados para ti dependen de una serie de cuestiones, como tu edad, tus síntomas, los desencadenantes del asma y lo que sea más efectivo para mantener el asma bajo control.

Los medicamentos preventivos de control a largo plazo reducen la inflamación de las vías respiratorias que produce los síntomas. Los inhaladores de alivio rápido (broncodilatadores) abren rápidamente las vías respiratorias inflamadas que restringen la respiración. En algunos casos, es necesario tomar medicamentos contra la alergia.

Los medicamentos para el control del asma a largo plazo, que, generalmente, se toman a diario, son el eje fundamental del tratamiento del asma. Estos medicamentos mantienen el asma controlada de manera permanente y disminuyen la probabilidad de que tengas un ataque de asma. Los tipos de medicamentos de control a largo plazo son:

  • Corticoesteroides inhalatorios. Estos medicamentos antiinflamatorios comprenden fluticasona (Flonase, Flovent HFA), budesonida (Pulmicort Flexhaler, Rhinocort), flunisolida (Aerospan HFA), ciclesonida (Alvesco, Omnaris, Zetonna), beclometasona (Qnasl, Qvar), mometasona (Asmanex) y furoato de fluticasona (Arnuity Ellipta).

    Es posible que debas consumir estos medicamentos durante varios días o semanas antes de que obtengas el beneficio máximo. A diferencia de los corticoesteroides inhalatorios, estos corticoesteroides conllevan un riesgo relativamente bajo de efectos secundarios y son, generalmente, seguros para el consumo a largo plazo.

  • Modificadores de leucotrienos. Estos tipos de medicamentos orales, como montelukast (Singulair), zafirlukast (Accolate) y zileutón (Zyflo), ayudan a aliviar los síntomas del asma hasta por 24 horas.

    En raras ocasiones, estos medicamentos se han relacionado con reacciones psicológicas, tales como nerviosismo, agresión, alucinaciones, depresión y pensamientos suicidas. Busca asesoramiento médico de inmediato si tienes alguna reacción inusual.

  • Agonistas beta de acción prolongada. Estos medicamentos inhalatorios, los cuales comprenden salmeterol (Serevent) y formoterol (Foradil, Perforomist), abren las vías respiratorias.

    Algunas investigaciones indican que pueden aumentar el riesgo de un ataque grave de asma, así que es necesario que solo se tomen en combinación con un corticoesteroide inhalatorio. Y debido a que estos medicamentos pueden enmascarar el deterioro producido por el asma, no deben consumirse ante un ataque agudo de asma.

  • Inhaladores de combinación. Estos medicamentos, como fluticasona-salmeterol (Advair Diskus), budesonida-formoterol (Symbicort) y formoterol-mometasona (Dulera), contienen un agonista beta de acción prolongada junto con un corticoesteroide. Debido a que contienen agonistas beta de acción prolongada, estos inhaladores de combinación pueden aumentar el riesgo de tener un ataque grave de asma.
  • Teofilina. La teofilina (Theo-24, Elixophyllin y otros) es una píldora diaria que ayuda a mantener las vías respiratorias abiertas (broncodilatador) al relajar los músculos alrededor de las vías respiratorias. En la actualidad, no se usa tanto como en el pasado.

Los medicamentos de alivio rápido (de rescate) se usan según la necesidad para el alivio inmediato y a corto plazo de los síntomas durante un ataque de asma o, si así lo recomienda un médico, antes de hacer ejercicios. Los tipos de medicamentos de alivio rápido son:

  • Agonistas beta de acción rápida. Estos broncodilatadores inhalatorios de alivio rápido actúan en cuestión de minutos para aliviar rápidamente los síntomas durante un ataque de asma. Comprenden salbutamol (ProAir HFA, Ventolin HFA y otros) y levalbuterol (Xopenex).

    Los agonistas beta de acción rápida pueden tomarse utilizando un inhalador manual y portátil o un nebulizador (una máquina que convierte los medicamentos para el asma en rocío fino) para que puedan inhalarse mediante una mascarilla o boquilla.

  • Ipratropio (Atrovent). Al igual que otros broncodilatadores, el ipratropio actúa rápidamente para relajar de inmediato las vías respiratorias, lo cual facilita la respiración. El ipratropio se utiliza, principalmente, para tratar el enfisema y la bronquitis crónica. En ocasiones se utiliza para tratar los ataques de asma.
  • Corticoesteroides orales e intravenosos. Estos medicamentos, como la prednisona y metilprednisolona, alivian la inflamación de las vías respiratorias producida por el asma grave. Pueden causar efectos secundarios graves cuando se consumen a largo plazo, por lo que se emplean solamente a corto plazo para tratar los síntomas intensos de asma.

Si tienes un ataque de asma, un inhalador de alivio rápido puede aliviar los síntomas de inmediato. Pero si los medicamentos de control a largo plazo son efectivos, no debes usar el inhalador de alivio rápido con mucha frecuencia.

Lleva un registro de cuántas veces por semana usas el inhalador. Si necesitas usar el inhalador de alivio rápido con una mayor frecuencia que la recomendada, consulta con el médico. Es probable que necesites ajustar los medicamentos de control a largo plazo.

Los medicamentos contra la alergia pueden ser útiles si las alergias son las que provocan o empeoran el asma. Algunos de ellos son:

  • Vacunas contra la alergia (inmunoterapia). Con el tiempo, las vacunas contra la alergia reducen gradualmente la reacción del sistema inmunitario a alérgenos específicos. Las vacunas, generalmente, se aplican una vez por semana durante algunos meses y luego una vez por mes durante un período de tres a cinco años.
  • Omalizumab (Xolair). Este medicamento, administrado como inyección cada dos a cuatro semanas, es específico para personas con alergias y asma grave. Actúa mediante la alteración del sistema inmunitario.

Termoplastia bronquial

Este tratamiento, que no está ampliamente disponible y no es adecuado para todos, se utiliza para tratar el asma grave que no mejora con los corticoesteroides inhalatorios o con otros medicamentos para el asma a largo plazo.

Generalmente, durante el tiempo transcurrido entre las tres consultas ambulatorias, la termoplastia bronquial calienta con un electrodo el interior de las vías respiratorias en los pulmones y reduce el tamaño del músculo liso dentro de dichas vías. Esto limita la capacidad de las vías respiratorias para contraerse y, por ende, facilita la respiración y reduce los ataques de asma en lo posible.

Tratamiento según la gravedad para un mejor control: un enfoque gradual

El tratamiento debe ser flexible y basarse en los cambios ocurridos en los síntomas, que deben evaluarse con atención en cada consulta con el médico. A partir de allí, el médico podrá ajustar el tratamiento como corresponda.

Por ejemplo, si el asma está bien controlada, el médico puede recetar una menor dosis de medicamento. Si el asma no está bien controlada y está empeorando, el médico puede aumentar la dosis de medicamento y recomendar consultas más frecuentes.

Plan de acción para el asma

Colabora con el médico para elaborar un plan de acción para el asma que detalle por escrito cuándo tomar ciertos medicamentos o cuándo aumentar o disminuir la dosis de medicamentos de acuerdo con los síntomas. Añade también una lista de los desencadenantes y las medidas que deberás tomar para evitarlos.

El médico también puede recomendar que controles los síntomas del asma o que utilices un medidor de flujo máximo de manera regular para verificar lo bien que se está controlando el asma con el tratamiento.

Aunque muchas personas con asma dependan de medicamentos para prevenir y aliviar los síntomas, existen varias actividades que uno mismo puede hacer para mantener su salud y para disminuir la probabilidad de tener ataques de asma.

Evita exponerte a los desencadenantes

Tomar medidas para reducir la exposición a los desencadenantes del asma es una parte clave del control de esta enfermedad. Estas medidas comprenden:

  • Usa el aire acondicionado. El aire acondicionado reduce la cantidad de polen en el aire proveniente de árboles, de céspedes y de hierbas que logran ingresar al interior del hogar. El aire acondicionado también reduce la humedad en el interior del hogar y puede reducir la exposición a los ácaros del polvo. Si no tienes aire acondicionado, intenta mantener las ventanas cerradas durante la temporada de polen.
  • Descontamina tu decoración. Reduce al mínimo el polvo que pueda empeorar los síntomas nocturnos al reemplazar ciertos elementos de tu dormitorio. Por ejemplo, forra tus almohadas, tus colchones y tus somieres con fundas a prueba de polvo. Retira las alfombras y coloca pisos de madera dura o de linóleo. Usa persianas y cortinas lavables.
  • Mantén un nivel de humedad óptimo. Si vives en una zona de clima húmedo, conversa con el médico acerca del uso de un deshumidificador.
  • Evita las esporas de moho. Limpia las zonas húmedas del baño, la cocina y alrededor de la casa para evitar que se formen esporas de moho. Deshazte de las hojas con moho o de la leña húmeda que haya en el patio.
  • Reduce la caspa de las mascotas. Si eres alérgico a la caspa, evita tener mascotas con pelos o plumas. Mandar a bañar o a acicalar a tus mascotas regularmente también puede reducir la cantidad de caspa en tu entorno.
  • Limpia regularmente. Limpia tu casa al menos una vez por semana. Si vas a remover polvo, usa una mascarilla o pídele a otra persona que limpie.
  • Tápate la nariz y la boca si hace frío. Si tu asma empeora con el frío o con el aire seco, puede resultar útil usar una mascarilla.

Mantente saludable

Cuidarte a ti mismo puede ayudar a mantener tus síntomas bajo control:

  • Haz ejercicio en forma regular. Tener asma no significa tener una vida menos activa. Un tratamiento puede prevenir ataques de asma y controlar los síntomas durante la actividad.

    Hacer ejercicio en forma regular fortalece el corazón y los pulmones, lo cual ayuda a aliviar los síntomas del asma. Si haces ejercicio en temperaturas frías, usa una mascarilla para calentar el aire que respiras.

  • Mantén un peso saludable. Tener sobrepeso puede empeorar los síntomas del asma y aumenta el riesgo de tener otros problemas de salud.
  • Controla el ardor de estómago y la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Es posible que el reflujo ácido que causa ardor de estómago pueda dañar las vías respiratorias de los pulmones y empeorar los síntomas del asma. Si tienes ardor de estómago constante o frecuente, habla con el médico acerca de las opciones de tratamiento. Es posible que necesites un tratamiento para la enfermedad por reflujo gastroesofágico antes de que mejoren los síntomas del asma.

Ciertos tratamientos alternativos pueden ayudar con los síntomas del asma. Sin embargo, ten en cuenta que estos tratamientos no son un reemplazo del tratamiento médico, especialmente, si tienes asma grave. Habla con el médico antes de tomar hierbas o suplementos, ya que algunos pueden interactuar con los medicamentos que tomas.

Aunque se utilicen algunos remedios alternativos para el asma, en la mayoría de los casos, es necesario realizar más investigaciones para determinar su efectividad y medir el grado de posibles efectos secundarios. Los tratamientos alternativos para el asma son:

  • Ejercicios de respiración. Estos ejercicios pueden reducir la cantidad de medicamento que necesitas para mantener los síntomas del asma bajo control.
  • Remedios naturales y a base de hierbas. Algunos remedios naturales y a base de hierbas que pueden ayudar a mejorar los síntomas del asma son la semilla negra, la cafeína, la colina y el Pycnogenol.

El asma puede ser desafiante y estresante. Es posible que en ocasiones sientas frustración, enojo o depresión debido a la necesidad de reducir tus actividades habituales para evitar los desencadenantes ambientales. Es posible que también te sientas limitado o avergonzado por los síntomas de la enfermedad y por las rutinas de control complicadas.

Sin embargo, el asma no tiene que ser una afección restrictiva. La mejor forma de superar la ansiedad y el sentimiento de impotencia es comprender la afección que padeces y tomar el control de tu tratamiento. A continuación te damos algunas sugerencias que pueden ayudar:

  • Modera el ritmo. Tómate descansos entre las tareas y evita realizar actividades que empeoren tus síntomas.
  • Haz una lista de actividades cotidianas. Esto puede ayudar a evitar que te sientas abrumado. Prémiate por haber cumplido metas simples.
  • Habla con personas que tengan tu misma enfermedad. Las salas de chat y los foros de discusión en Internet o los grupos de apoyo en tu zona pueden conectarte con personas que afrontan desafíos similares, lo cual te permite saber que no estás solo.
  • Si tu hijo tiene asma, adopta una actitud optimista. Enfócate en las cosas que puede hacer tu hijo, no en las cosas que no puede hacer. Pídeles a los maestros, al personal de enfermería de escuelas, a los entrenadores, a los amigos y a los parientes que ayuden a tu hijo a controlar el asma.

Aunque no exista forma de prevenir el asma, tú y tu médico pueden colaborar para diseñar un plan detallado a fin de vivir con tu afección y evitar que ocurran ataques de asma.

  • Sigue un plan de acción para el asma. Con la ayuda del médico y del equipo de atención médica, redacta un plan detallado para tomar medicamentos y para controlar un ataque de asma. Luego asegúrate de seguir ese plan.

    El asma es una enfermedad permanente que requiere control y tratamiento regulares. Tener el tratamiento bajo control puede hacerte sentir que tienes más control de tu vida en general.

  • Vacúnate contra la influenza y contra la neumonía. Estar al día con las vacunas puede evitar que la influenza y la neumonía desencadenen ataques de asma.
  • Identifica y evita los desencadenantes del asma. Muchos alérgenos e irritantes del exterior (desde el polen y el moho hasta el aire frío y la contaminación atmosférica) pueden desencadenar ataques de asma. Descubre qué causa y empeora el asma y toma las medidas para evitar esos desencadenantes.
  • Controla tu respiración. Puedes aprender a reconocer los signos de advertencia de un ataque inminente, como tos leve, silbido al respirar o dificultad para respirar. Sin embargo, debido a que la función pulmonar puede disminuir antes de que notes algún signo o síntoma, mide y registra regularmente el flujo de aire máximo con un medidor de flujo máximo en casa.
  • Identifica y trata los ataques a tiempo. Si actúas con rapidez, es menos probable que tengas un ataque grave. Tampoco necesitarás muchos medicamentos para controlar los síntomas.

    Cuando las medidas de flujo máximo disminuyan y te alerten sobre un ataque inminente, toma tus medicamentos tal como esté indicado y deja de hacer inmediatamente cualquier actividad que pudiera desencadenar el ataque. Si no mejoran los síntomas, obtén ayuda médica tal como esté indicado en tu plan de acción.

  • Toma tus medicamentos según las indicaciones. No importa si parece que el asma está mejorando; nunca modifiques nada sin antes haber hablado con el médico. Es una buena idea llevar los medicamentos contigo a cada consulta médica para que el médico pueda volver a revisar que estés tomando correctamente los medicamentos y que estés tomando la dosis que corresponde.
  • Presta atención al incremento en el uso del inhalador de alivio rápido. Si dependes del inhalador de alivio rápido, como salbutamol, esto significa que el asma no está bajo control. Consulta con el médico acerca del ajuste del tratamiento.
Aug. 30, 2016