Shona Holmes tenía problemas: los síntomas eran dolor de cabeza, falta de sueño, mareo y baja libido, aunque lo peor era el rápido deterioro de la visión. Su médico familiar en Canadá pidió una IRM, que detectó un tumor cerebral. En Canadá, necesitaría meses para conseguir una cita con un neurólogo o un endocrinólogo.
"Sabía que debía hacer algo y no esperar cinco o seis meses", comenta. Entonces, llamó a Mayo Clinic, y consiguió una cita ese mismo día.
Para Shona, de 31 años y oriunda de Waterdown, Ontario, Canadá, era difícil viajar tan lejos de su marido, familiares y amigos. Sabía que serían muchas las citas y que debería someterse a varios exámenes, pero era imperioso hacerlo, así que partió sola rumbo a Mayo Clinic de Scottsdale, Arizona.
Apenas llegó, sus temores se calmaron. "Recibí el trato más humano de mi vida", dice. "Todo fue maravilloso: el ambiente, desde los tratamientos hasta mi primer encuentro en el mostrador de registro, cada uno de los médicos y enfermeras, todo fue realmente del otro mundo".
El Dr. Naresh Patel, neurocirujano, le diagnosticó a Shona quiste de la bolsa de Rathke (RCC). Esta bolsa de rara ocurrencia y llena de líquido crece cerca de la glándula pituitaria en la base cerebral, y termina por ocasionar problemas endocrinos y de visión. El Dr. Patel unió fuerzas con los doctores David D. Dodick, neurólogo, y Michael D. Whitaker, endocrinólogo, para trabajar en este caso.
Otras pruebas realizadas revelaron aumento de tamaño en el quiste dentro de un período corto, así como empeoramiento progresivo de la visión. "Me preocupaba que la presión sobre los nervios le causara ceguera", indica el Dr. Patel. "Había que extirpar el quiste para salvarle la vista".
En cuestión de 10 días, Shona regresó a Canadá con un diagnóstico confirmado pero más atemorizada que antes. Tenía que, cuanto antes, someterse a cirugía del cerebro y le aterraba la idea de dejar nuevamente su hogar: "Viajar tan lejos sin mi familia ya era bastante para mí, y encima que me operaran el cerebro, ¡eso era demasiado!".
Shona regresó a Mayo Clinic para someterse a exámenes durante varias semanas y prepararse para la operación. Esta vez, la acompañaba su marido, David.
A través de la nariz y senos paranasales, los cirujanos llegaron al cerebro de Shona y pudieron extirparle el quiste sin realizar ninguna incisión en la cara. Recibió el alta hospitalaria cuatro días después, ya curada de la enfermedad.
"Nunca me he arrepentido ni por un minuto", dice Shona. "Tuve mucha suerte en que el Dr. Patel fuera mi cirujano".
Para la primera reunión con el Dr. Patel, Shona veía sólo la mitad con el ojo derecho y el 25 por ciento con el izquierdo. Después de la operación, recuperó el 100 por ciento de su vista.
"El Dr. Patel es mi héroe", acota. "Juntos reímos y lloramos". Shona también se tranquilizó porque algunos de los médicos eran canadienses: "Me di cuenta de que, en realidad, no hay fronteras".
Ahora, ya se encuentra de regreso en Canadá, junto a su familia, amigos y su perro, Magnum. "Fue difícil dejar mi casa para ir sola a Arizona en busca de tratamiento y sin apoyo, pero mi marido tenía la determinación de encontrar ayuda, y Mayo fue la respuesta", añade.
Anualmente, los neurólogos y neurocirujanos de Mayo Clinic atienden a más de 3.000 pacientes con tumores cerebrales, lo que la convierte en uno de los mayores centros mundiales para el efecto.
Para más información sobre diagnóstico y alternativas de tratamiento, visite www.mayoclinic. org.