Elsa Ávila coronó el Monte Everest en 1999. Como la primera mujer latinoamericana en llegar a la cumbre y madre de dos pequeños, plantar la bandera mexicana en la cúspide de la montaña le fue especialmente gratificante. Continuó buscando nuevos retos, como deportes extremos, ciclismo de montaña y kayakismo, hasta que una lesión en el tendón de Aquiles la marginó. Lo que ella consideró como un obstáculo temporal, se convirtió en su mayor desafío.
Mientras reposaba antes de la operación del tendón en México, empezó a sentir mucho cansancio. Los exámenes revelaron un aleteo auricular, que hacía latir veloz al corazón. El médico le recomendó un marcapasos y que no condujera.
“A partir de ahí, fueron subidas y bajadas”, dice Elsa. “Pasé de escalar montañas a no poder subir las escaleras”. En los siguientes tres años y medio, se sometió a ajustes en el marcapasos, pruebas, nuevos medicamentos e incluso un procedimiento durante el cual se detuvo y reinició el corazón; pero ella aún no se sentía bien. La frecuencia cardíaca se disparaba con sólo levantar los brazos. Los niños, ya de 11 y 9 años, le confesaron que temían perderla.
En medio de una vorágine física y emocional, Elsa siguió investigando sobre otros tratamientos médicos. Después de una prueba de esfuerzo cardíaco en el Instituto Nacional de Cardiología de la Ciudad de México, le dijo al médico que era hora de probar algo más. Había leído sobre una técnica de “ablación”, relativamente sin invasión, para destruir el tejido cardíaco anormal, y por unos amigos se enteró que la realizaban en Mayo Clinic de Rochester, Minnesota.
Elsa logró reunirse con el cardiólogo de Mayo Clinic, Dr. Samuel Asirvatham, mientras él se encontraba en una conferencia en México. Dice que de inmediato “se conectaron”, y ella supo que él era la persona correcta. El 14 de febrero de 2004, se sometió a una ablación en Mayo Clinic y recibió un nuevo marcapasos. El Dr. Asirvatham y su equipo insertaron catéteres a través de las arterias femoral (muslo) y carótida (cuello), en cuyas puntas se encontraba un dispositivo que, al llegar a un sitio cuidadosamente elegido dentro del corazón, descargó energía de radiofrecuencia.
“La señora Ávila tenía fibrilación y aleteo auricular”, explica el Dr. Asirvatham. “El aleteo auricular implica un circuito simple: en este caso, tejido alrededor de la válvula tricúspide en el lado derecho del corazón. Además, tenía fibrilación auricular, que a menudo se origina en una de las venas (venas pulmonares, etc.) que desembocan en el corazón”.
Entre los riesgos de estas afecciones están accidente cerebrovascular y daño a las cámaras inferiores del corazón por una frecuencia cardíaca constantemente elevada. La ablación realizada corrigió la arritmia provocada por la frecuencia cardíaca anómala.
“Solía ir por un camino con baches, con un marcapasos difícil de ajustar y signos vitales inestables”, comenta Elsa. “Ahora, siento que voy por súper carretera”.
Hoy, Elsa corre a diario y monta bicicleta. Aún escala pero dice que, “Aprendí a ir a mi propio paso y estoy más conciente de cómo afectan a mi corazón los cambios emocionales. Aprendí a escuchar la voz de mi cuerpo”.
Elsa indica que le impresionó el trabajo en equipo entre los médicos y personal de Mayo. “Estuve en manos muy profesionales y humanitarias”, acota. “Lo que un paciente más necesita es cariño y una voz calmada, segura. Me dieron tranquilidad.”
Elsa ha volcado sus experiencias hacia una nueva carrera en oratoria motivacional y entrenamiento corporativo. “Le digo a la gente que no precisa llegar a extremos para apreciar la vida, y que a veces es necesario ser humilde y confiar en otros”.
Más información sobre los muchos tratamientos y terapias experimentales para aleteo auricular en www.mayoclinic.org/atrial-flutter/.